Defensa soberana o securitización

El Capitalismo como régimen de poder (Ocalan), entraña una guerra continua contra la Humanidad.  Los regentes imperiales (Mariñas) aplican mecanismos, cada día más sutiles, donde el enemigo que es el capital y su afán de dominio y control total, se desdibuja.

A partir del Pacto Kellogg-Briand y de la Sociedad de Naciones, hoy ONU y sus multilaterales, establece un estado intermedio entre la paz y la guerra, que deja sin valor las hipótesis de conflicto. Mutación inducida, desplazamiento, resignificación que descolocan los intereses de los Estados Nación, para reducirnos a defender “causas globales”.  Paz como ficción jurídica, paz como todo aquello que no es guerra, entendiendo ésta como aminus  belligerandi

Neutralización y minimalización de todos los ámbitos de los conflictos a partir del cual se produce un desplazamiento del centro de gravedad del interés nacional de los Estados, por los intereses corporativos privados. Nos convencen, que la efectividad militar de los Estados decayó. 

Doctrina de la seguridad global no internacional, donde los Estados Nación no son responsables de la soberanía y defensa sino de los riesgos y amenazas globales reduciendo su papel a simples conserjes del Nuevo Orden Global, impotentes e indefensos. Globalización a través de la multilateralidad.

Pacificación como principio de la monarquía universal o imperium mundi (Dante)  para legitimar los despojos y genocidios con rostro humanitario. Guerra blanda mediante operaciones psicológicas para imponer la idea de aceptar la infalibilidad de expertos sobre esas situaciones de riesgos, amenazas y catástrofes sobre venidas e instaurar su doctrina “securitización global” de la Escuela de Copenhague (Boulanin).

  Obvian ex profeso que toda sociedad se constituye alrededor de un hecho histórico como lo es la guerra. Si una sociedad no está dispuesta a pelear, no puede esperarse que de ella surja algo que perdure, pues su supervivencia, voluntad y disposición de lucha, ha sido dominada y rendida a una doctrina extraña al interés nacional.

Plantear  la lucha por la seguridad, entendida ésta como razón de Estado, congelando las hipótesis de conflictos y aceptando la inexorabilidad de la indefensión, es perder la guerra. Por ello la defensa soberana integral de la nación, debe ser un principio de sobrevivencia. 

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