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Delincuentes

El fiscal general, Tarek W Saab, acaba de emitir unas declaraciones que, sin duda, el país esperaba desde hacía tiempo. Solicitó órdenes de captura contra los opositores: Jhon Goicochea, Juan Guaidó, Julio Borges, Andrés Izarra, David Smolanski, Carlos Vecchio, Lester Toledo, Savoi Jandon Wright, Leopoldo López y Rafael Ramírez, Roberto Abdul, Henry Alviarez, Claudia Macero y Pedro Urruchurtu, como presuntos conspiradores que operaban desde Venezuela. “Algunos de ellos ya están a las órdenes de la justicia”, expresó.

Los motivos jurídicos son diferentes, pero los motivos políticos no son muy distintos. Todos estos personajes no solo actuaron como traidores a la patria, sino que financiaron o fueron agentes intermediarios para actividades económicas que le hicieron mucho daño al país. Supongo que el Gobierno tenía razones para no haberlo hecho antes, pero, por las opiniones que uno pulsa en la calle, el país esperaba que hubiera una reacción contra estas personas desde hace mucho tiempo. “¿Camarada, será que el Gobierno tiene algún tipo de acuerdo con Guaidó para no meterlo preso?”, me decía en una oportunidad un muy querido amigo militante del Psuv. Estos personajes actuaban por separado y en diferentes formas.

Creo que Ramírez no tiene ninguna relación directa con ellos, aunque debe haber razones de mucho peso para dictarle orden de captura. Igual me parece que Izarra tampoco tiene vinculaciones directas con ellos, aunque las investigaciones reseñan hechos de extrema gravedad. Por cierto, él está casado con la hija de Antonio Ledezma, quien si mal no recuerdo también está solicitado.

Creo que la más peligrosa de las acusaciones es la de traición a la patria. No he tenido la oportunidad de investigar en cuántas oportunidades el país ha debido hacer tal acusación. Creo que no son muchas, porque hasta adecos y copeyanos que vendieron a escondidas pedacitos de tierra venezolana por aquí y por allá, era un motivo de ofensa que se les acusara de antipatriotas. Sobre todo con la letra de ese hermoso himno adeco, que era uno de los motivos más orgullosos de los blancos en tiempos de la Cuarta.

Pero está claro que la delincuencia hoy es muy distinta, y éstos cada vez tienen menos interés por el país, y sí por el dinero que se roban o por las cosas que hacen. Comienzan a ver el mundo como un todo, en donde la patria no es un problema, porque su concepto y su sensación comienzan a desvanecerse. Cada vez son menos importantes esos símbolos patrios, porque da lo mismo vivir en Buenos Aires, que en Madrid, o en París. La diferencia la hace el dinero que se tenga, y esto no es un problema para ellos. Si no existe el castigo, el delito se seguirá cometiendo y la patria estará cada vez más lejos.

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