Derrotismo y cinismo descarado

Desde el Senado de Estados Unidos se expresó el derrotismo y, al mismo tiempo y sin empacho alguno, un cinismo descarado de quienes pretenden destruir a nuestro país. El senador Chris Murphy, reprochando el fracaso de Elliott Abrams, lo dijo: “Primero creíamos que reconocer a Guaidó como presidente sería suficiente para salir del régimen, luego creímos que poner ayuda en la frontera iba a ser suficiente, luego tratamos de construir un tipo de golpe en abril del año pasado que nos estalló en la cara”.

Luego señala: “Tenemos que admitir que nuestra gran jugada de haber reconocido a Guaidó en las primeras de cambio y de imponer sanciones, no funcionó, y ha sido un error vergonzoso tras otros. Y ahora, después de perder todo este tiempo, tenemos unas elecciones que están a punto de ocurrir, en las que Guaidó y la oposición se niegan a entrar, y entonces nos han puesto en una posición en la que estamos reconociendo a alguien como el líder de Venezuela, que no controla el gobierno, ni la Fuerza Armada, y que ni siquiera ocupa el cargo. Esto no lo hacemos en otros países.”

Nunca se imaginó el imperio llegar a esta situación, como reencontrándose de repente con el fantasma de Cuba o de Vietnam. Ahí está el derrotismo, es decir, esa tendencia a propagar el desaliento con noticias, reproches e ideas pesimistas acerca del resultado de una guerra o de agresiones en forma sistemática, como las de Trump contra Venezuela en los últimos años. Pero, no descuidemos, ellos insistirán, con o sin elecciones, en derrocar el gobierno de Maduro y derrotar al chavismo.

En el Senado de EEUU se confirman esas agresiones, y lo reconocen con el mayor descaro: “tratamos de construir un tipo de golpe en abril del año pasado que nos estalló en la cara.” Fue la acción golpista desde el distribuidor Altamira por opositores imprudentes, de “guerra mala” contra su propia Patria, o el perduellio, como se llamaba en la antigua Roma la alta traición. Esta agresión y las otras de bloqueo, de sanciones, de informaciones falsas, de mercenarios gringos, de robos de empresas y capitales en el exterior, las cometen y las declaran al mundo, frente a las narices del Consejo de Seguridad de la ONU y demás organismos internacionales y países del mundo, con un cinismo descarado, propio del Gobierno de Estados Unidos, violador de derechos humanos, dentro y fuera de su vasto territorio. !Qué desvergüenza!

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