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Día de la maestra y el maestro

He tenido en estos días el honor y la alegría de ser invitado por el Gobierno de Caracas y por el Concejo del Municipio Lander del Estado Miranda, a hablar con nuestras y nuestros colegas con motivo de las celebraciones del 15 de enero.

¿Celebraciones? Sí, porque uno celebra los éxitos de su vocación y de su persistencia, pese a cualquiera de los pesares que arroja sobre nosotros la guerra multiforme desatada contra Venezuela, a la que se sumaron el coronavirus y la consiguiente cuarentena. Peses a todas las dificultades, en estos años difíciles, un grueso de las maestras y maestros han demostrado que son el factor determinante de la calidad educativa. Ejemplos de cómo se reinventa la educación con disposición y talento se han multiplicado, aunque unos cuantos hayan abandonado, bien porque les fue imposible continuar o porque algún otro descubrió que su vocación no se compadecía con el oficio de enseñar.

La educación no es transmisión de información sino interacción humana. Somos seres sociales y en la escuela, las niñas y niños tienen una de los principales espacios de apropiación cultural, de aprendizaje en el vivir con otras y otros. La calidad de la escuela está en función de cuánto se acerque a ser un lugar para aprender con felicidad.

El Ministerio ha realizado un esfuerzo especial para arreglar los edificios y hacer llegar dotaciones, en medio de la estrechez. Siempre faltará más y habrá sitios a dónde no se llegue; son más de 20 mil escuelas públicas y este tiene que ser un empeño permanente. Pero la capacidad de que en la escuela se aprenda a vivir depende centralmente de los equipos docentes; apoyarles y romper con la idea de que son meros transmisores sustituibles por computadoras es en este sentido indispensable.

Como es 15 de enero, uno recuerda a las maestras y maestros que fundaron en 1932 la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, con Prieto a la cabeza. En las difíciles condiciones del régimen gomecista, se empeñaron en su organización para luchar simultáneamene por mejores condiciones de trabajo, por la universalización de la educación y por una pedagogía comprometida con la transformación del país, donde niños y niñas son el centro de la acción educativa, y el medio fundamental está en su actividad reflexiva.