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Día de la Raza

Cuando estaba en primaria y escuchaba la lección sobre “el Día de la Raza”, recuerdo que algo no me cuadraba; la explicación que me decían era más o menos que la fecha: “conmemoraba el encuentro entre dos razas: indígenas americanos y conquistadores españoles”. Ya esa explicación era de por sí una farsa encubridora: una conquista (una invasión) no es un “encuentro”; pero, además, si se trataba de un encuentro entre dos, ¿por qué era el Día de la Raza y no de “las razas”? Esta, por cierto, es una idea que se sigue repitiendo y que puede encontrarse más o menos igual en varios portales de varios países si uno busca información sobre el 12 de octubre.

Me pongo entonces a buscar y consigo: La “fiesta de la raza” fue una propuesta realizada por el ex-ministro español y presidente de la Unión Ibero-Americana, Faustino Rodríguez- San Pedro, en 1913. Al año siguiente comenzaría a celebrarse y después (en 1958) pasaría en España a llamarse Día de la Hispanidad.

En su discurso con motivo a la primera celebración de la “Fiesta de la Raza”, en octubre de 1914, Rodríguez-San Pedro indica la razón del nombre adoptado para ese día: “… la conveniencia de que en este día aniversario del descubrimiento de América, celebremos la Fiesta de la Raza Española, que ha tenido providencialmente la fortuna de llevar la bandera de la civilización y del progreso en aquella memorable empresa, realizada por Colón bajo los auspicios de la gran reina Isabel la Católica”. (https://filosofia.org/ave/001/a218.htm )

Los argumentos de Rodríguez-San Pedro no dejan lugar a dudas, pues la “conveniencia” de esta celebración era: “lo que consideramos como un fin patriótico que todos, en conjunto, debemos perseguir, cual es nuestra Unión con los países americanos que hablan nuestra lengua y en que predominan, como elemento gobernante, los hombres de nuestra raza”.

Así, pues, ese Día de la Raza no pretendía celebrar ningún encuentro. Nos engañaron y pretenden seguirnos engañando. El verdadero Día de la Raza había sido inventado para vanagloriarse de la conquista y reafirmar un falso derecho de los “hijos de España” para gobernar América.

Un operativo ideológico, para negar cualquier lugar a los hijos y las hijas de los pueblos originarios y de las y los africanos esclavizados. La palabra no es inocente.