Día del arrase

El 12 de octubre de 2021 se conmemoró un año más de la invasión monárquica española a la Abya Yala, lo que conllevó el mayor holocausto de la historia. Nuestras pedagogías deben aclarar “festividades” tales como: Día de la raza, Día de la Hispanidad, Encuentro de Dos Mundos. “Abramos la historia”, nos pide Simón Rodríguez. El antropólogo franco-argentino Jacques de Mahieu en su libro Colón llegó después explica que “en el siglo X, vikingos germanodaneses habían pasado veintidós años en México, antes de irse a fundar en Perú el imperio de Tiahuanaco, y los irlandeses se habían establecido ya sólidamente en el este de los actuales Estados Unidos. A principios del siglo XI, vikingos noruegos habían fundado en el actual Massachusetts colonias prósperas que se mantenían en contacto con la madre patria”.

En el año 1421 el tripulante chino Zheng He llegó al mar Caribe, como lo refiere el escritor inglés Gavin Menzies en su libro 1421, el año en que China descubrió América. El navegante chino se llevó del Caribe una flor que es emblema de toda América, el hibiscus (cayena en Venezuela, mar pacífico en Cuba y Honduras, y roselia o rosa china en Argentina), poseedora de mágicas recetas medicinales y alimenticias, al punto que la ciudad Chengdu se le conoce como la Ciudad de Hibisco.

Cristóbal Colón llegó a Bahamas el 12 de octubre de 1492 en viaje que hizo desde las islas Canarias de donde zarparon la Pinta, la Niña y la Santa María el 5 de septiembre guiados por el mapa de Zheng He que indicaba la ruta por el mar de los Sargazos.

Nos relata el amauta boliviano Fausto Reinaga en su Tesis india que “en 1492, los invasores encontraron este continente sin hambre, sin pobreza, ni sufrimiento”. Lo que ocurrió después es el horror supremo. Bartolomé de las Casas en Historia de las Indias cuenta que “cuando se salían los españoles de aquel reino dijo uno a un hijo de un señor de cierto pueblo o provincia que se fuese con él; dijo el niño que no quería dejar su tierra. Responde el español: ‘Vete conmigo; si no, cortarte he las orejas’. Dice el muchacho que no. Saca un puñal e córtale una oreja y después la otra. Y diciéndole el muchacho que no quería dejar su tierra, córtale las narices”.

Este niño mutilado vive en nuestra esencia. ¡Seguimos resistiendo!

 

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