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¿Diálogo en entredicho?

Desde Colombia y Estados Unidos quieren “reventar” el diálogo entre Gobierno y oposición en México para que no haya acuerdos ni paz en Venezuela. En la explicación de este plan está la injerencia imperialista, la agresión impune y el mantenimiento de sanciones unilaterales, en términos de “bloqueo” o “embargo”, que ejecutan Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido en sus posiciones hegemónicas para doblegar a Venezuela que aplica una política soberana e independiente pero que no es del agrado de estos poderosos neoliberales que imponen medidas cuyos efectos son desastrosos en la salud, alimentación y educación de los venezolanos, en connivencia con sectores opositores.

Uno se pregunta si el diálogo está en entredicho, pues, hay duda sobre la posibilidad real de que se realice totalmente o no se respeten sus conclusiones y acuerdos. Sin embargo, no nos extraña que traten de “reventar el diálogo”, como lo afirma el Presidente Maduro. No es la primera vez que lo hacen, pero al menos firmaron los dos primeros acuerdos sin la orden de “arriba” de suspender o impedirlos. Hace poco dijo el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero que América Latina es una región con una fuerte influencia de EEUU, y agregó: “Diversos países en diferentes momentos han venido condicionando el libre futuro y el libre desarrollo de Venezuela y de toda Latinoamérica. Y digo Venezuela porque quizás ha sido, en los últimos tiempos, ese objetivo geopolítico tan decisivo en donde se han disputado las pretensiones y las grandes aspiraciones de muchos de los poderes más importantes del mundo…” 

Con o sin diálogo hay respuestas frente a la agresión de las potencias imperiales y sus aliados. Decía Maduro, por ejemplo, que “el ciclo productivo nacional debe imponerse ante el bloqueo criminal que azota al país”, y recordó que desde Venezuela se ha levantado un proyecto alternativo al capitalismo depredador imperial. Esto importa mucho, pero precisa de un proceso de integración regional latinoamericana y caribeña para enfrentar a esa hegemonía imperial que nos ve tan vulnerables. Hace 60 años, en su “Fábula del tiburón y las sardinas”, lo advirtió Juan José Arévalo al denunciar la farsa de los tratados internacionales cuando los tratantes son un tiburón y una sardina: “No queremos seguir por esta pendiente que nos lleva derecho al coloniaje, por disimulado que sea”. Fue Arévalo en aquel entonces.