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Dos mundos

Cuando el economista francés Alfred Sauvy acuñó el término tercer mundo en 1952, se refería a los países que no pertenecían a ninguno de los dos bloques que estaban enfrentados en la Guerra Fría, el bloque occidental o primer mundo (Estados Unidos, Europa Occidental, Japón, Canadá, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y sus aliados) y el bloque comunista o segundo mundo (Unión Soviética, Europa Oriental, China, Cuba y Corea del Norte). Actualmente, de manera anacrónica, el segundo mundo lo encabezan China y Rusia y la el tercer mundo son todos los países no desarrollados en los que se registran los peores índices de desarrollo de gran atraso económico-social, como el analfabetismo, el hambre, la delincuencia, las carencias hospitalarias y de salud pública, las viviendas y servicios sanitarios precarios y una escasa expectativa de vida.

Mucho antes de 1952, había dos mundos: el de los países imperialistas, otrora colonialistas, y el de los países colonizados. Venezuela y Guyana Inglesa pertenecían a éste.

Ni los venezolanos ni los guyaneses estuvieron presentes en el laudo arbitral de París, suscrito el 3 de octubre de 1899, en el que a Venezuela le despojaron 149.500 km2 de su territorio Esequibo. ¿Por qué? Muy sencillo: el pueblo guyanés no tenía vela en ese entierro porque su país pertenecía a Inglaterra, es decir, sus habitantes eran súbditos de la corona británica. Y los venezolanos no podían defender sus tierras porque los árbitros del Reino Unido “no estaban dispuestos a sentarse junto a mestizos e indios bananeros con olor a trópico y a hombres de color semibárbaros”.

El tribunal estuvo presidido por el estoniano Friedrich Martens, de conocida filiación pro británica y de clara vocación imperialista: era catedrático de dos universidades inglesas, pensaba que “Gran Bretaña y Rusia estaban destinadas por la Providencia a ser las protectoras de los países bárbaros”.

Pocos años antes, el 17 de noviembre de 1895, ante un agravio británico, nuestro presidente bolivariano Cipriano Castro, escribió: “si por desgracia el ultimátum del Ministro Chamberlan y resolución del Gobierno Inglés, es la ocupación descarada del territorio venezolano por la fuerza”, no me queda otra opción que “depositar mi humilde óbolo en la defensa de la Integridad Nacional como soldado o en el puesto que se me quiera designar”.

Hoy hay dos mundos: el del modelo civilizatorio occidental, y otro mundo posible. Por éste apuesta Venezuela desde la Sierra de Perijá hasta el Río Esequibo.

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