Educación a distancia

Revisando el importantísimo documento reflexivo sobre el qué y el cómo hacer para que llegue la universidad a las casas de las y los estudiantes, y que proyecta las posibles líneas estratégicas para un cambio en las formas y en las modalidades de los encuentros entre estudiante–docente y docente-estudiante, que desde el punto de vista ético tenga como propósito evitar la parálisis de la acción educativa, motivado a la declaración de la Organización Mundial de la Salud, al reconocer la pandemia del covid -19.

Las universidades deben defender el mandato constitucional de garantizar el derecho al estudio, basadas en el sustento programático institucional que aparece en nuestra Carta Magna, cuando señala a la educación como un derecho humano y un servicio público de obligatorio cumplimiento por parte del Estado, al expresar (artículo 102) : “El Estado la asume como función indeclinable y de máximo interés en todos sus niveles y modalidades”

Por lo tanto, las universidades deben garantizar el mantenimiento de las dinámicas educativas, a pesar de las condiciones adversas que impiden por los momentos seguir usando la forma clásica de las clases presenciales. Esa situación significa mantener la distancia con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, que permita encuentros virtuales sin que se pierda la calidad educativa. Debe garantizase un proceso efectivo en la consecución de un aprendizaje al servicio del conocimiento instrumental, crítico y transformador que debe permear toda la reflexividad desde lo interdialógico en el intercambio de saberes, el cual debe fortalecer el binomio enseñanza– aprendizaje.

A partir del manejo de ciertos instrumentos tecnológicos, se convierten en elementos claves para la aplicación y fluidez en la transmisión de conocimientos, que tanto estudiantes como docentes tengan la debida accesibilidad a las modalidades y que no signifiquen un desnivel en la calidad de la enseñanza, porque todas y todos los involucrados en el quehacer educativo tengan igualdad de oportunidad en la obtención de información, para cumplir con las actividades asignadas las cuales deberían girar en torno a la reflexión critica del conocimiento, y así evitar que las y los estudiantes utilicen el tristemente famoso, “corta y pega”, que no ayuda para nada a que el proceso de enseñanza que sea concreto, significativo y sustantivo.

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