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Educación finlandesa

Medio perdido en lo que buscaba en internet, me consigo con un artículo sobre la educación en Finlandia. Una que se celebra por ser “una de las primeras del mundo”, según especialistas. Leo y dice: “La ley establece que la educación es obligatoria y gratuita para todos los niños desde los 7 hasta los 16 años. Esta gratuidad incluye también todos los libros de texto y utensilios necesarios, además de una comida caliente al día. El gasto público en educación representó en 2008 5,9% del PIB” y aclara que el promedio de los países de la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (Ocde) es de 5,8 %.

Releo y no puedo dejar de decirlo: en Venezuela la educación es gratuita y obligatoria desde el nacimiento hasta el pregrado universitario, excepto para aquellos que quieran pagarla; en los planteles oficiales se entregan los libros de texto gratuitamente, además de bultos, cuadernos y lápices y, aún en medio de las medidas coercitivas unilaterales, se siguieron entregando computadoras o tabletas Canaima a estudiantes y docentes; no se proporciona una sino dos comidas diarias en más de 80% de las escuelas públicas; y el gasto (que para nosotros es inversión) en educación ha llegado a 6,9% del PIB. Y conste que tomo el último dato del World Factbook de la CIA, texto editado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (la misma que conspira y tumba gobiernos en todo el mundo), cuya información es pública y es utilizada hoy con frecuencia.

No es por supuesto que tengamos la educación que queremos. Yo mismo estoy siempre trabajando en la crítica a las prácticas pedagógicas centradas en la memorización de contenidos y en la pasividad de las y los estudiantes, a la debilidad de los medios a disposición, a los enfoques inapropiados para la formación docente, a las precarias condiciones de trabajo, al funcionamiento burocrático de la administración, etc. De todo puede decirse y es bien válido para tomarlo en cuenta y echar adelante, pero eso no supone menospreciar lo que tenemos y que conservamos pese a las tremendas dificultades. Hablemos con pasión, pero en serio; la educación de nuestras niñas y niños lo merece.