El 1% o incluir sin destruir

Existe un 1% de la población planetaria, mafia económica y política, que concentra 87% de las riquezas mundiales. Reducido grupo que acumula, despoja, manipula y maneja a su antojo el mundo, condenándonos a la miseria perpetua. Contra eso, Venezuela se rebela en los años 1989, 1992 y en 1999 cuando asume constitucionalmente la igualdad de condiciones y oportunidades, la solidaridad, la equidad, la justicia social, la protección de lo humano frente a la voracidad del capital.

Fuerza constituyente que superó la espinosa cuestión de la representación y el voluntarismo más allá de la participación clásica formal y partidos políticos, incorporó principios y nuevas formas de organización, transversalizó estos fundamentos, creando modalidades organizativas que garantizan nuestros derechos soberanos de ejercer la voluntad política, incluso sin la intermediación de partidos.

Estos principios fueron cercenados por el Consejo Nacional Electoral al impedir la inscripción de grupos de electores independientes, colocándoles plazos y condiciones de imposible cumplimiento o simplemente, no respondiendo sus solicitudes, al igual que sucede con la rebatiña (canibalismo político) de los partidos “minoritarios”.

Garantes de nuestra Constitución señalamos: toda acción que intente sustituir a lo real excluyendo las infinitas minorías (tienen iguales derechos que las mayorías), secuestre y debilite sus poderes creativos, se tornará en impostura: falsificación de la real voluntad del pueblo.

Tenemos derecho a manifestarnos, participar electoral, social y políticamente; esa es la base de nuestra democracia participativa y protagónica: una democracia radical según Laclau.

No es un tema de divisionismo. Se trata de participación y protagonismo. Lo ético no es que el amo, el partido, el jefe, sustituya el ejercicio de la soberanía, sino estaríamos frente a una disolución del cuerpo político todo. En el momento en que hay un amo, no hay soberano y desde entonces el cuerpo político es destruido (Rousseau). Es mandar obedeciendo.

Todo aquello que afecte principios y valores políticos constitucionales que fundamentan nuestra democracia participativa y protagónica, y que constituyen los parámetros, crea un precedente peligroso para la democracia radical revolucionaria.
Constituyente

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