El arte del fraude

La abstención fue del 58%. Casi el doble del evento del 2017, que fue 28,20%. En las elecciones de diputados del 2020 fue de 69,82%. Ese 42% restante hace oposición.

Solo vota el 42% de la población, en este universo es donde se oculta el verdadero factor determinante de estos resultados.

El Gobierno gana, pero su votación es de las más reducidas de su historia. Se debe reconocer que el colorido resaltante del mapa rojo es debido, en primer lugar, a la capacidad organizativa y claridad de su lenguaje, y en segundo lugar, a manejar estrategias para aprovechar las debilidades, ideológicas, organizativas, e inexistente coherencia de las visiones entre los lideres de sus diversos partidos, más ocupados en buscar caminos del crecimiento del patrimonio personal aprovechando las dádivas de la USAID o de saqueos de la empresa Monómeros o la canibalización de CITGO o las movidas con el oro en el banco inglés. Hasta que logren separar su voracidad animada con el espíritu de Leopoldo, Borges y demás embajadores, su futuro político, está probado: seguirá por el barranco del desacato a la racionalidad y honorabilidad que el pueblo bastante reconoce.

Demuestra la fractura de la oposición. Tiene que luchar contra sus propias obras, o sea sus partidos y la desconexión que han logrado con la masa del país, debe replantear su liderazgo y sus propuestas para que pueda iniciar su reconexión con el pueblo. Vías para que la oposición se reconstituya y surja la pluralidad y se reconozcan y respeten los nuevos liderazgos.

Que lean que la cuestión política no se consuma con agresiones, que los opositores aprendan que matando al oponente no glorifican sino la barbarie y el escozor del “tú o yo”, y ahogan el nosotros, o sea, hacen política y no “catch as catch can”.

Que se logre entender que la política se hace y decide a oír y hablar con los vecinos y no a través del barbarismo del tuit que se recibe en inglés de Miami o cualquier país ajeno y distante.

Que la oposición se reconozca en sus ideas y no en el sentido del absurdo de la mentalidad golpista o la agresividad de “cierra tu calle”, que mata vecinos y no da ayuda a sus congéneres.

Se abre un camino para todos, Gobierno y oposición, para que piensen en ese paradigma que es la democracia, porque lo estamos prohijando nada tiene que con la utopía de la civilidad.

 

Enlaces patrocinados