El covid-19 no cayó del cielo

Entre el mes de marzo de 1954 y el mes de marzo de 1994, ocurrieron dos importantes acontecimientos que dejaron una imborrable huella en los aconteceres latinoamericanos. En el primero de ellos, fue inaugurada el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela – la casa que vence las sombras, hoy bastante golpeada por sus propias autoridades-, en acto realizado con la presencia de directores y otros representantes directos de la “Internacional de las espadas” destacando la del venezolano Marcos Pérez Jiménez, así como de la de dos civiles norteamericanos: Jhon Fostey Dulles y Allan Dulles, destacadas figuras del equipo gobernantes del imperio de la United State of America (USA), que entonces tenía en la Casa Blanca el general Dwight Eisenhowey (YKE) el primero de los hermanos ocupaba la Secretaría de Estado, mientras el segundo era el jefe de la CIA.

Ya sabemos que de esa reunión salió el derrocamiento del coronel Jacobo Arbenz de la Presidencia de Guatemala, hecho que se realizaría en junio de ese mismo año. A los 40 años, el día 26 de marzo, Rafael Caldera le tuvo que cumplir al pueblo venezolano liberando al hoy comandante eterno, Hugo
Chávez, quien salió a recorrer el país y también otros países, logrando inmensa popularidad que lo llevó a la Presidencia de la República de Venezuela en febrero de 1999, después de ganar las elecciones de 1998.

Ya en campaña el Chávez presidente se esforzó por la unidad latinoamericana, logrando sus objetivos con la realización de la Cumbre de la Unidad de América Latina, basándose en unas palabras del padre Libertador Simón Bolívar: “El bien inestimable de la unión es el objetivo”. Hoy esa unidad constituye uno de los, mas inestimables hechos de la política de nuestra región, pues el enemigo no es en estos momentos, el señor Donal Trump, sino ese que llaman coronavirus COVID-19, un mal que se ha ensañado contra la humanidad, no obstante, que desde el imperio y sus lacayos se nos continua bloqueando y se pretende agredir armadamente, pero logramos darle duro al tal Duque y sus jefes internos y externos, al desmembrarles el operativo del ataque que tenían montado.

Este mal no vino del cielo y su historial aflorará de un momento a otro y sus causantes tendrán que rendirles cuenta a la humanidad en su conjunto; por ahora tenemos que reaccionar ante quienes figuran como culpables y la providencia se encargará de señalarlos.

 

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