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El diálogo es el antídoto

Lo más importante que hemos aprendido en los últimos 25 años es que sin un diálogo sincero, sin agendas ocultas y en el que participen todos los sectores sin excepción no es posible la conciliación definitiva de los venezolanos. Pero cuidado con el engaño ilusorio del consenso.

El diálogo político y social entre contrarios es una condición esencial de la democracia. Así ha sido desde la antigüedad. Sin embargo, la polarización de las dos últimas décadas distorsionó casi de manera total lo sustantivo de todo proceso de concertación: el reconocimiento legítimo del otro. Dejamos de argumentar ante nuestro oponente porque simplemente lo desconocimos, terminando así con la tan necesaria interlocución política.

La especialista en teoría política Chantal Mouffe advierte que el disenso es un requisito indispensable para el normal funcionamiento de una sociedad basada en el esquema de la democracia liberal burguesa. En su propuesta, el antagonismo resulta peligroso y contraproducente pues al ver al contrario como un enemigo a vencer, ello puede provocar rupturas irreconciliables. La historia nos lo ha demostrado. Por tal razón, la pensadora belga rescata el concepto griego de agonismo, es decir, el reconocimiento legítimo del contrario como parte de la lógica argumentativa de toda sociedad democrática.

Todo esto tan ideal choca con la política real. Sin embargo, en el campo de la política mundial, por ejemplo, como en el multilateralismo y la negociación en conflictos bilaterales, el diálogo parte del reconocimiento de la legitimidad del contrario. También en el ámbito nacional así debería funcionar, eso sí, a todos los niveles.

Converse otra vez con ese vecino que no piensa como usted. Dialogue con ese familiar que ya ni llamaba porque la charla terminaba en una pelea. Restablezca la relación con ese colega de profesión que dejó de hablarle por un hecho político que los afectó. Haga una llamada a esa persona que borró de su red social porque publicó algo que no soportó. Reconcíliese con ese profesor o ese estudiante que no vio más porque estuvo en un evento de una tendencia contraria a la suya. Pero eso sí, dialogue con respeto, defienda su punto de vista y argumente correctamente. Ése es el único antídoto para confrontar a los verdaderos enemigos que amenazan hoy la democracia venezolana.

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