InicioOpiniónEl estelionato

El estelionato

A la persona que le gusta lo ajeno y lo vende como propio, tal sería el caso tratándose de un bien inmueble; o a sabiendas que ese bien está embargado, o hipotecado, o es objeto de litigio, y lo vende en cualquiera de esos casos, comete el delito de vieja data conocido como “estelionato”. Es una forma de fraude en Venezuela. Dicen historiadores y juristas investigadores del derecho que el fraude se conoció en legislaciones pasadas, como el Código de Hammurabi (en la antigua Mesopotamia, 1750 años antes de Cristo), el Código de Manú (en la India), el Avesta Persa (Libro o textos sagrados de la antigua Persia), entre otras, y llegó a castigarse con penas severas, como la pena de muerte. El estelionato es una expresión de figura delictiva que viene de stellio o saurio, conocido como “camaleón” que tiene en sí la potencia o eficacia de cambiar de color. Es un reptil de cuerpo comprimido, cola prensil, ojos en movimiento independiente y una lengua larga y pegajosa que usa para cazar su alimento. Por eso se dice que cualquier defraudador, como el estafador, es una persona camaleónica, tiene la habilidad para cambiar de actitud, asumiendo en cada caso la que mejor le favorezca y usa la lengua en un tono refinado, muy pegajosa para “cazar” al ingenuo, pero con artificio o engaño, consiguiendo el provecho injusto.

La defraudación es la expresión genérica de una serie de delitos que se producen cuando la víctima dispone ella misma de sus bienes a favor de la persona que actúa mediante engaño o cuando esa disposición es provocada por circunstancias preexistentes. Entre la serie de delitos de defraudación se encuentra la estafa, pero también están esos fraudes a los que se refiere el Código Penal, entre ellos el estelionato en sus tres modalidades. La estafa asume un concepto más amplio en comparación con el estelionato, el cual queda ubicado entre los otros fraudes en la legislación venezolana y se comete enajenando, gravando o arrendando como propio algún inmueble a sabiendas de que es ajeno; o enajenando un inmueble ya vendido a otra persona, siempre que concurra alguna de las dos circunstancias de registro previstas en la norma penal; o enajenando o gravando bienes como libres, sabiendo que estaban embargados o gravados o que eran objeto de litigio.

Hoy me permití escribir sobre este tema porque a diario corremos el riesgo de ser víctima del fraude de estelionato. ¡Ojo!

Artículo anteriorCruz de Mayo
Artículo siguienteRecordando el golpe de los plátanos