El fin de la hegemonía | Luis Britto García

Sociedad. Estados Unidos abrió el siglo con la ilusión de que iniciaba un New American Century, según el manifiesto del think tank New Cityzenship Project. La realidad lo refutó. Global Trends 2012 preveía un crecimiento exponencial de la clase media. Pero proporciones cada vez mayores de ésta se abisman en la pobreza y la marginalidad, creando la “basura blanca” que votó por Trump. Según la Reserva Federal, 1 % de las familias concentra 38,6% de la riqueza del país. Cerca de cuarenta millones de personas están bajo el nivel de pobreza; el número de pobres afrodescendientes duplica el de blancos y sus ingresos por familia son la mitad de los de éstos. Su sistema carcelario confina 1,3 millones de personas: es porcentualmente el más poblado del mundo, 33% de sus reclusos son afrodescendientes, su tasa de encarcelamiento es 6 veces mayor que la de blancos, y gran parte de las cárceles son campos de trabajos forzados para beneficio de las corporaciones. El racismo dificulta la integración de morenos, hispanos, asiáticos, europeos: de todo lo diferente. Los segregados protagonizan motines, cada vez más masivos, frecuentes y generalizados.

Economía. Estados Unidos impuso su hegemonía obligando en 1944 en los Acuerdos de Breton Woods a los demás países a mantener sus reservas monetarias en dólares. Logró así hasta hoy pagar sus compromisos imprimiendo un papel verde que desde 1974 no tiene más respaldo que la amenaza, y obligando a los productores de petróleo a vender sus hidrocarburos en esa divisa. Pero el dólar pierde terreno ante el yen, parcialmente respaldado en oro. Global Trends 2012 preveía que la economía china superaría a la estadounidense hacia 2020. Pero en octubre de 2014 el FMI reconoció que la República Popular China era la primera economía del mundo, con un PIB de 17,6 billones de dólares, que superaba los 17,4 billones del de Estados Unidos. (Para los anglosajones un billón es un millón de millones). Esa tendencia no era reversible, y aventajaría a otras economías cada vez más. Así como relojes y automóviles estadounidenses fueron desplazados por los europeos y los asiáticos, sus restantes mercancías dejan progresivamente de ser competitivas, al punto de que Donald Trump intentó impedir las importaciones de China con impuestos proteccionistas, y se retiró de Tratados de Libre Comercio con el Pacífico y con México. La deuda pública de Estados Unidos sobrepasa el monto de su PIB anual: éste sufre una caída desde 2,2% en 2019 hasta -3,5% en 2020, mientras el de China crece hasta 4,9% para el tercer trimestre de ese año. Los capitalistas yankis invierten en el exterior, evaden impuestos en paraísos fiscales, y no repatrian ganancias. La especulación financiera provoca crisis cada vez más devastadoras, como la de 2008 y la actual. La economía deviene inviable.

Diplomacia. Estados Unidos usurpó la hegemonía planetaria gracias a su comando militar de las fuerzas de la Alianza Atlántica en la Segunda Guerra Mundial. La ONU funcionó como su instrumento, al punto de que se permitió retrasar durante décadas la admisión de la República Popular China. Europa devino continente ocupado por los ejércitos de la Otan; el resto del mundo quedó amenazado por cerca de un millar de bases estadounidenses, los países productores de hidrocarburos intervenidos. Esta prepotencia no tardaría en suscitar respuestas en la creación de un Movimiento de los No Alineados, en la de la Opep, que la castigó con embargos energéticos, en varias revoluciones del Tercer Mundo y en la creación de uniones de países latinoamericanos y caribeños disidentes: Mercosur, Alba, la Celac, Unasur. Poderosas organizaciones, como la Asean, agrupan en forma independiente a los países asiáticos donde reside 60 % de la población mundial.

Estrategia. A pesar de su formidable gasto armamentista, que supera por sí solo el de todos los demás países del planeta, Estados Unidos perdió la hegemonía militar. El gasto del complejo militar industrial mantiene el empleo y la industria, pero produce bienes que no pueden ser consumidos y concentra todavía más la riqueza en las grandes empresas. En Estados Unidos hay más armas de fuego privadas que habitantes. Desde fines del siglo pasado la resistencia a la recluta le impuso crear un ejército de mercenarios con sus propias marginalidades y las de otros países. Pero la aviación y la cohetería rusa son actualmente las más avanzadas del mundo; China dispone de la flota más poderosa. Sin embargo, sigue empantanado Estados Unidos en la “Forever War” eterna sucesión de intervenciones que no son más que confesión de su impotencia para imponer la hegemonía por otro medio que la fuerza bruta.

Cultura. El aparato comunicacional de Estados Unidos difundió por todo el mundo su industria cultural, intentando posicionarla como cultura universal. A fines del siglo pasado, de cada tres películas que se exhibían en Europa, dos eran estadounidenses. Su sistema de educación superior es esencialmente privado, reservado para los pudientes. Quizá por ello desde hace medio siglo la potencia del Norte no origina una sola ideología, un solo movimiento estético de resonancia universal. Pierde pie incluso en el campo de la ciencia y la innovación tecnológica. Gran parte de sus avances hacia mediados del siglo XX, como las armas nucleares y la exploración del espacio, se debieron a científicos o técnicos importados: Leo Szylard, Albert Einstein, Werner von Braun. Sus logros en informática se concentraron en producir en masa y a costos accesibles artilugios previstos por científicos europeos como Kurt Godel, David Hilbert, Alan Turing. Actualmente libra una competencia sin esperanzas con China por el dominio de las plataformas 5G y 6G y la inteligencia artificial fuerte.

El Fin. El fin de la hegemonía es inminente, pero no inmediato. Para sobrevivir, aprovechemos los resquicios de la lucha entre potencias. Queremos liberarnos de la hegemonía, no sustituirla.

Enlaces patrocinados