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El intelectual y el martirio

A Fabricio Ojeda

Viví ocho años en El Salvador y una de las enseñanzas más poderosas que me dejó esa experiencia fue conocer de cerca la relación entre el intelectual sinceramente comprometido con una causa y los peligros reales que ello implica. Ejemplos, sobran. El poeta Roque Dalton, asesinado por sus compañeros de armas en 1975; el arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, ultimado en plena eucaristía en 1980; y el filósofo y rector de la UCA, Ignacio Ellacuría, exterminado junto a otros jesuitas en 1989, son algunos de los casos más sonados.

Pero otros martirios llenan las páginas de la historia de ese país mesoamericano. Maestros, docentes universitarios, periodistas, escritores y religiosos fueron silenciados durante los años más duros de la represión militar, la democracia “tutelada” y la guerra civil que azotó la República de El Salvador entre los años 70 hasta principios de los 90.

Al reflexionar sobre las similitudes de casos como esos en nuestro país no deja de resonar el nombre de un maestro, periodista, activista y parlamentario venezolano, cuyo natalicio se celebró tímidamente el pasado martes 6 de febrero. Se trata de Fabricio Ojeda, quien murió en extrañas circunstancias el 21 de junio de 1966, tan solo unos días después de ser apresado por funcionarios del entonces Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA). Tenía apenas 37 años.

Como otros venezolanos silenciados en aquellos años, Ojeda fue un intelectual comprometido. Además de su militancia política y su acción subversiva, de su vida hay que destacar su genio, su sensibilidad, su preparación, su calidad profesional como periodista graduado en la UCV y, sin duda, su pluma, aspectos que quedaron plasmados en su carta de renuncia como diputado para incorporarse a la lucha armada, fechada el 30 de junio de 1962.

“Estoy consciente de lo que esta decisión implica, de los riesgos, peligros y sacrificios que ella conlleva; pero no otro puede ser el camino de un revolucionario verdadero”, expresó en su célebre misiva, dirigida a la directiva del entonces Congreso de la República.

Como Fabricio Ojeda en Venezuela o Roque Dalton en El Salvador: ¿Cuántos estarían dispuestos a tomar tamaña decisión, sabiendo, como eran conscientes estos dos nuestroamericanos ilustres que el martirio sería su destino ineludible?

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