El juego del calamar

O capitalismo a muerte. La serie surcoreana de moda El juego del calamar desnuda la barbarie del capitalismo en su plena obscenidad. El estudioso del cine coreano Antoine Coppola lo llamó “necrocapitalismo”, por Radio France Culture. Pelear a muerte viene de antiguo, como los gladiadores romanos —ave, Imperator, morituri te salutant ‘salve, Emperador, quienes van a morir te saludan’. Del siglo XVIII es el nacimiento británico del boxeo, con reglas creadas por Jack Broughton, el padre de ese deporte.

Por entonces nació también la Battle Royal popular en la culta Gran Bretaña, en que ocho púgiles eran encerrados en un cercado, porque hay gente a quien divierte eso. Una variante era practicada en los civilizados Estados Unidos por esclavistas que ponían a unos esclavos a fajarse.

Hay una novela y una película japonesas llamadas Battle Royal. La idea de El juego del calamar no es nueva. Solo está muy bien realizada.

Un grupo de personas desesperadas, como quienes Hillary llama “deplorables”, por deudas, por una existencia miserable, por una hipoteca impagable, para quienes no vale la pena vivir, se entregan a un juego a muerte, en que el solo ganador se lleva todo. Pronto surgen lealtades y traiciones. La miseria humana reina en aquel bochinche kafkiano. Un grupo de llamados VIP se divierte y apuesta contemplando las agarradas a muerte.

Diversiones de magnates, como la Isla de la Pedofilia, paraíso fiscal de la depravación. Ya los placeres ordinarios no les dan nota y necesitan exquisiteces avanzadas, como violar menores. Esa ínsula tuvo clientes excelsos como Donald Trump, Andrés Pastrana, Bill Gates, los Clinton, el príncipe Andrés del Reino Unido.

Es la apoteosis del Divino Marqués de Sade con toques de los Diez negritos de Agatha Christie. Historias en que gozamos con la desgracia, siempre que sea ajena. Hay cosplays en París con ese tema, los uniformes se consiguen por internet —ideales para Halloween. El hecho de que sean juegos infantiles hace todo más esperpéntico.

Algo así sucede en estos días en la dirigencia de oposición, pujando a ver quién cae y quién queda de último con todo Monómeros y todo Citgo. Afortunadamente la reyerta no es a muerte. Por ahora.

@rhm1947

 

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