El mercado preso

La mayor falacia instaurada por el capitalismo en el mundo como una verdad pétrea, indiscutible e inviolable, es sin lugar a dudas aquella que habla de un mercado libre y sin restricciones de ningún tipo como única fórmula para asegurar el bienestar y el desarrollo económico de las naciones.

Sobre esa “verdad” se ha instaurado a la vez la de la libertad individual que promueve el capitalismo como parte indisociable de la libertad del mercado, y con ella todas las libertades (de expresión, de empresa, de culto, etc.) que presenta como derivadas e inseparables de la lógica capitalista, en lo que el concepto de “libre competencia” adquiere un valor supre trabajadores y usuarios mo como base del modelo a partir justamente de la supuesta idea de libertad universal de desempeño sobre la cual se asienta.

Pero hoy la mayor potencia económica del mundo demuestra en la realidad cuánto de falsedad hubo siempre en toda esa propuesta más allá del discurso de las academias y de la infinidad de ideólogos y centros de pensamiento económico y político que a través del tiempo se empeñaron desde los libros y los postulados retóricos en la ilusoria teoría.

No es mediante la “libre competencia” como EEUU ha buscado imponer el capitalismo como el modelo económico que debe imperar en el planeta, sino con la extorsión política, el chantaje terrorista de sus arbitrarias sanciones, y a través de la amenaza y el sometimiento con las armas.

Ya ni siquiera escudado tras la fachada de los “países aliados” de la que tanto se jactó en periodos de guerra y de postguerra, sino abierta y descaradamente, Estados Unidos ejerce hoy una presión sin precedentes para tratar de obligar (que no convencer) a la humanidad a aceptar una verdad falsa e inviable que hasta el mismo imperio tiene que aceptar como imposible de imponer si no es a través del sometimiento (torcedura del brazo, según Obama).

No es libre un mercado en el que empresas exitosas deben ser injustamente cerradas, porque con su buen desempeño desplazan a las ineficientes.

No es libre si para existir ese modelo tiene que imponer sanciones ilegales y arbitrarias a las economías que les resultan incómodas.
No es libre si tiene que robarle sus riquezas al mundo para lograr incrementar las suyas.

Es un mercado cerrado.

Un mercado preso.

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