El pesebre de Navidad

El pesebre y otras representaciones de Belén están en uso desde los primeros siglos cristianos. La representación más antigua es una pintura mural de los años 380 después de Cristo. Venía de una familia cristiana que quiso adornar su capilla funeraria en las catacumbas de San Sebastián, descubierta en Roma en el año 1877.

Pero la forma actual del pesebre se atribuye a san Francisco de Asís, que le dio su contenido popular y tiernamente religioso que conocemos. Al respecto, el biógrafo de san Francisco, Tomás de Celano, cuenta lo siguiente: “Conviene recordar la emoción con la que el bienaventurado Francisco, tres años antes de su muerte, quiso celebrar el día de la Natividad de nuestro señor Jesucristo. Yo quiero, dijo Francisco, volver a levantar el recuerdo del Niño de Belén; dar a conocer a todos cómo ese Niño Dios fue despojado de todos los aparatos y lujos que tienen en disfrute los niñitos de hoy, y cómo fue colocado en un humilde pesebre entre un burro y un buey. Lo quiero ver de verdad, de mis propios ojos”.

Alertados por los fratelli, hombres y mujeres del vecindario acudieron para vivir ese día feliz. Prepararon con alegría candelas y antorchas para iluminar la noche. Con gran esmero, el pesebre vivo se iluminó, la paja de los animales fue para el colchón del divino Niño, el burro y el buey conducidos por los campesinos hasta el lugar adecuado.

La aldea de Greccio se transformó en un rincón de paraíso. La noche se iluminó como vibrante Belén, para alegría de los humanos y los animales. Las muchedumbres acudían, cantando felices la novedad del cielo en la tierra. Sus voces estallaban en los bosques y colinas. La noche entera se iluminó de inmensa alegría. El hermano Francisco se mantuvo cerca del pesebre, exultando de felicidad y devoción. Y una misa solemne fue cantada en el humilde establo.

Los animales del pesebre no forman parte del evangelio. Sin embargo, ellos también se remontan a gran antigüedad cristiana. El origen de esta costumbre está en el texto del profeta Isaías, el cual reza: “El buey conoce a su dueño, y el burro el pesebre de su Señor; pero Israel no me conoce, mi pueblo no comprende”.

Guardemos nosotros la alegría festiva y popular de estos días santos. ¡Feliz Navidad, amigos todos y todas!
Sacerdote de Petare

 

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