El pez vive por la boca

Desde la declaración de estado de pandemia por parte la Organización Mundial de la Salud, se observa que los sistemas de salud en general han relegado de manera sistemática la atención de las consecuencias de patologías diferentes al covid-19. El foco de la asistencia médica y de los recursos disponibles, están orientados a aquellos pacientes que presentan síntomas agudos del virus.

El comportamiento anterior es un reflejo de una concepción atrasada, pero aún dominante desde el punto de vista institucional y social; que asume que la salud es solo la ausencia de la enfermedad. La consecuencia de esta concepción, se magnifica, cuando el resto se encuentra en espera, muchas veces indefinida.

En Venezuela tenemos un marco jurídico de avanzada en términos de salud, pero muchas veces en la práctica, no hay una comunión, lo que da lugar a comportamientos contrarios. Son en estas brechas donde vuelve a ser predominante el enfoque arcaico que describimos al inicio.

Es así cómo podemos tener avances en la lucha contra el covid-19, dado que se busca garantizar la atención médica a los contagiados, y se estimula las medidas de prevención necesarias, pero de manera silenciosa obviamos la atención médica y el abordaje de las causas de otras patologías más letales.

A esto le adicionamos las aspiración que se viene promoviendo socialmente, de acceder a una vía expresa, para salir de la pandemia, que no es otra que las vacunas. Las cuales si bien es cierto, contribuirán, es totalmente falso que son la solución mágica o final, pues en sí misma es insuficiente.

Es necesario ratificar el enfoque propuesto desde el movimiento de salud colectiva, que reúne a respetados académicos e investigadores, así como movimientos sociales; que sostiene que en los procesos de salud enfermedad, es clave intervenir en las relaciones en la sociedad y de cara a ello debe estar la legislación y la institucionalidad.

Esta pandemia es una oportunidad para fortalecer no solo un sistema de salud público, también lo es para que socialmente transformemos relaciones, que se traducen en prácticas que lesionan la salud. Una oportunidad para cambiar de hábitos y condiciones, de tal manera que la realidad sea contraria al viejo adagio que sostiene que el pez muere por la boca.

 

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