¿El valor del dinero?. Allí está el detalle. Medio o fin, la paradoja.

El dinero como medio, es —según Marx en el Capital—, una forma general equivalente de valor, que facilita el intercambio de valores a través de él; es decir, facilita que se produzca y se consuma este bien o servicio.

Es una instrumento convenido socialmente para medir númericamente el valor de toda mercancía a intercambiar; es un medio que permite preservar transitoria y temporalmente la promesa de valor entre el que compra y el que vende; a su vez facilita la circulación de mercancías.

Es un activo financiero líquido, que no requiere de autorización y permisos de terceros para disponer de él una vez que ha sido emitido.

Es decir, el dinero es fundamental en una economía de mercado. Es su sabia, la sangre del sistema circulatorio del cuerpo de esta economía de mercado.

Sin embargo, en los análisis de los fenómenos sociales donde el dinero es parte se olvida que él también es una mercancía. Con un valor determinado en un mercado monetario internacional, “libre”, pues disque obedece a la oferta y demanda. Se trata de un mito, tomando en cuenta que primero su valor, al igual que el de todas las monedas se fija en el mercado internacional. En 1944, su valor estaba referido a un commodity como el oro —acuerdo Bretton Wood—, pero operativizado a través del dólar estadounidense, convertido a partir de ese momento en el patrón de referencia común, obligatorio para todo los países del mundo que buscaban insertarse en los mercados internacionales para intercambiar bienes y servicios, para obtener financiamiento, etcétera.

Ya el término PATRÓN encierra un significado y sentido de jerarquía de poder, verdad. Ello le permitió por un poco más de dos décadas, hasta 1971, edificar la hegemonía del dólar, material y subjetivamente. Así se erigió una arquitectura financiera a su medida —BM, FMI, BPI— ; en el imaginario e inconsciente colectivo se subordinó cualquier moneda nacional al dólar estadounidense; se hizo habitual en el comercio internacional, en las reservas internacionales de los países, en los créditos otorgados por la banca internacional. Una vez llegado el momento, el gobierno de los EE.UU. para la fecha —Richard Nixon presidente—, actuando soberanamente rompió el acuerdo, como indícanos en agosto de 1971. A partir de entonces, unas monedas, que conforman una cesta de monedas certificadas por el FMI, son divisas y se aceptan en el mercado internacional, y otras, las que quedan por fuera, son solo monedas de uso doméstico, nacional. La emisión de moneda ahora no tiene freno para aquellas consideradas divisas pero si para las de uso nacional -que deben ser respaldas por reservas en oro o dólares o derechos espaciales de giro del FMI u otra divisa-. La primera desigualdad estructural entre países que pasa por debajo de la mesa en los análisis del fenómeno socioeconómico.

Será para poder aplicar los mismo modelos, que se considera despreciable este pequeño asunto de las monedas?.
El fenómeno “señoreaje” propio de un gobierno al emitir dinero sin respaldo para cubrir su déficits fiscal, se externaliza, en el caso de estas divisas, ahora sus efectos abarcan todo el mundo, posibilitando a ese país comprar desde materias primas hasta bienes y servicios elaborados con su moneda divisa. Al costo del papel moneda en donde se imprimió, y la tinta empleada; que será mucho menor en el caso de ser moneda divisa digital.

Indexar salarios, impuestos y presupuesto, propuesta de algunos compatriotas podría entenderse, bajo esta perspectiva, como la capitulación final en esta subordinación a la divisa estadounidense? Si bien da una aparente estabilidad, complicada de implementar en la práctica, parece ceder definitivamente la soberanía e independencia en política monetaria con la esperanza de controlar el fenómeno social de la inflación, que al no poder explicarlo con las teorías y modelos tradicionales la adjetivamos “inducida”.

La solución, que propongo es recuperar la moneda y pasa por recuperar su rol de medio y no de fin, en una economía que produzca y consuma; en un mercado donde se intercambian valores pero cuyo precio no sea fijado desde afuera por la divisa estadounidense, directa o indirectamente; que sea una valoración social o subjetiva establecida por uso localmente.
Una economía que se desconecte de estas amarras y se abra paso a nuevas relaciones de mercado con pueblos vecinos y aliados, hermanos con la misma realidad, solo con diferencias de grado y forma.

Adicionalmente, crear un mercado para el intercambio de mercancías -bienes y servicios- producidos en la región sin los EE.UU., para el minorista y el consumidor, en las monedas locales y con los bancos de los países participantes, con su sistema de pago regional. Es decir, un Amazon y PayPal propio.

Que se le otorgue a la población cupos en esas monedas, pero válido solo para compras en ese mercado.
Minimizar la intermediación financiera y comercial, evitando a los especuladores.

 

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