Entre sanciones y terrorismo

La capacidad de resistencia de los venezolanos, de su Gobierno y de su proceso bolivariano convertido en revolución permanente, de movilización de gente en las calles y de increíbles acontecimientos que se suscitan de la lucha de clases en estos tiempos, aunque muchos no quieran entenderlo, es algo asombroso, quizá nunca visto, de cómo un pueblo frente a un plan macabro de sanciones y hostilidades; de congelación de activos del país en el exterior; de cerco económico, financiero y diplomático; de amenazas de invasión y de acciones terroristas; puede enfrentar, sin temores, al más grande enemigo global, llámese como se llame.

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Basta que un pueblo, como el nuestro, ponga de manifiesto su valentía y fidelidad al compromiso de hacerse libre y soberano, y decida, como lo está haciendo, organizarse a todo riesgo y con conciencia social, para enfrentar a ese enemigo. Y lo está demostrando, más allá de cualquier error, de cualquier nimiedad, o de cualquier oportunista o de traidor que asome su traición.
A Venezuela la quieren convertir en una Libia destrozada. La pretensión del Gobierno de EEUU de tomar a Venezuela, buscando como dicen los expertos que la balanza energética se incline hacia otro lado, en el contexto de lo que está ocurriendo en el mundo, no será posible por más que quieran e inviertan para llevar a Venezuela al caos y conflicto interno deseados por ellos y por esa pervertida oposición que llama a la invasión. Quieren el caos, no quieren el diálogo ni quieren elecciones. Su único fin son los recursos de Venezuela.

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El país debe estar preparado no sólo para enfrentar las sanciones económicas, sino cualquier otra forma de agresión, como el terrorismo y el financiamiento del mismo desde el exterior. Importa saber que, entre otros, son actos de terrorismo: los atentados contra la vida e integridad física de las personas; el secuestro o toma de rehenes; las destrucciones masivas de instalaciones públicas y sistemas de transporte; la liberación de sustancias peligrosas; la provocación de incendios, inundaciones o explosiones; la interrupción y saboteo en los servicios públicos, como el agua o la electricidad u otro recurso natural fundamental cuyo efecto sea poner en peligro vidas humanas. En fin, estemos alerta, porque en su desesperación de no poder derrocar a Maduro y acabar con el proceso bolivariano, busquen criminalmente implantar el terror. ¡Ojo!

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