Escuelas productivas (I)

Nos han invitado gentilmente a contribuir en el plan de vinculación de la educación básica con los motores para el desarrollo productivo. La invitación entusiasma y está estrechamente articulada con la tarea que nos han encargado desde el Ministerio del Poder Popular para la Cultura de trabajar con el Centro para la Descolonización.

La escuela colonizada nos quiere quietos e improductivos, su centro más que en el aprendizaje está en el disciplinamiento, en mantenernos callados e inactivos, prestos solo a escuchar y repetir. En cambio, una escuela descolonizada será necesariamente una escuela productiva y ligada a la vida.

No es “formación de mano de obra calificada”. Esa expresión se la dejamos a quienes ven al pueblo como manos sin cerebro, esclavos de la ganancia, integrados a un “aparato productivo” como piezas de maquinaria. La finalidad de la educación es el pleno de desarrollo de las potencialidades humanas y el libre ejercicio de la personalidad para la construcción de una sociedad justa y libre. Cuando hablamos de trabajo liberador el tema es totalmente otro: cómo todos y todas desarrollamos nuestra creatividad para contribuir a hacer la vida mejor para todas y todos.

Por supuesto, la tarea fundamental de niñas y niños es jugar. Pero juego, trabajo y aprendizaje se complementan. Si aprendemos a poner un bombillo, a cocinar o a cultivar un conuco, no sólo nos preocupamos por las vueltas que le damos al bombillo, sino por cómo funciona y cómo se hace, quién lo fabrica y en dónde, nos preguntamos cómo podríamos hacer uno y lo intentamos. Un conuco escolar no enseña solamente a cuidar las plantas, sino que permite otra relación con la naturaleza, con la alimentación y con la vida. Esas son clases de ciencia de verdad, de aprender a vivir juntas y juntos y entreayudarnos.

Otra palabra horrible es “inculcar”. La busco en el diccionario y significa: “1. Apretar con fuerza algo contra otra cosa. 2. Repetir con empeño muchas veces algo a alguien. 3. Infundir con ahínco en el ánimo de alguien una idea, un concepto, etc.” Nada más lejos de la educación liberadora. Las personas a las que se “aprieta”, para que se vuelvan “repetidores” y a las que se les “infunden” las ideas de otro, para que no florezcan las suyas propias son, por definición, sujetos colonizados.

 

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