España favoreció la entrega de tierra venezolana a Colombia

La decisión del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela de negar la intervención de la Corte Internacional de Justicia rompe, y ojalá sea por siempre, la histórica maña insertada en la diplomacia del país, de poner en manos de terceros la discusión y resolución de los problemas fronterizos.

Basta plasmar la consecuencia de tal proceder expuesta ante el Congreso Nacional por el poeta cumanés Andrés Eloy Blanco, dejada por escrito en múltiples notas de prensa, la cual dice, con dignidad y dolor que “…esta tierra levantisca, esta tierra de hombres retrecheros, esta tierra que nació en los cuarteles y se creó en los vivaques, durante una centuria ha perdido la quinta parte de su territorio sin disparar un tiro”.

Otro poeta, Earle Herrera, en su tesis de grado para licenciarse de Comunicador Social en la UCV, titulada “¿Por qué se ha reducido el territorio venezolano?” muestra el Laudo Español de 1899, sobre el cual afirma: “En la historia de la política exterior de Venezuela, este Laudo es el punto de partida de una lamentable serie de derrotas en el campo del derecho internacional”.

Herrera cita la entrevista con el padre Hernán González Oropeza, exmiembro de la Comisión Mixta Guyana Venezuela nombrada mediante el Acuerdo de Ginebra y asesor de la Dirección Nacional de Fronteras, quien calificó de locura e ingenuidad la tendencia venezolana de creer que solo con derecho se puede vencer en el campo internacional.

“Se necesita derecho –enfatizó el Sacerdote— acompañado con fuerza y dinero. Fue una locura poner en manos de España la solución de los problemas fronterizos con Colombia. Al fin y al cabo, la Corona española tenía que estar más en contra de Venezuela que de Colombia, pues fue el primero de estos países el que definitivamente la derrotó”.

Tal cual. El 16 de marzo de 1891, la Reina de España dicta su fallo, totalmente desfavorable a las aspiraciones de Venezuela. La línea fronteriza fijada en este Laudo no comienza, por el norte, ni siquiera en el Cabo de Coquivacoa, como lo establecía el Tratado Pombo-Michelena, sino en los Mogotes llamados Los Frailes, sitio inexistente y que se fija en Castilletes. “Casi toda la península de la Guajira pasó a la soberanía de Colombia, y este país, por obra y gracia del citado Laudo, entraba a ser ribereño del Golfo de Venezuela”.

Por supuesto, el Laudo halló una fuerte oposición en Venezuela debido a lo escandaloso de su sentencia a favor de Colombia. El arrebato de territorio venezolano fue favorecido por la negativa conducta de Antonio Guzmán Blanco, el Ilustre Americano, quien fuera ministro plenipotenciario ante el Reino de España, y actuó bajo sus propios intereses y confiado en la española Reina María Cristina. Semejante prolegómeno sirvió para que Colombia reclamara, después, derechos sobre determinadas del Golfo de Venezuela, e incluso, en 1975, propondría ejercer un condominio.

El error de llamar a un tercero se repite con el justo reclamo del Esequibo. Ante la invasión de Inglaterra en 1822, la cual se hace recurrente en 1840, 1855, 1870, 1886 y logra mover la línea fronteriza desde el rio Esequibo hasta Punta Barima, Venezuela decide romper relaciones diplomáticas con la colonia británica en 1887 “hasta que evacuen el territorio invadido”.  Y solicita la intervención de EEUU.

Luego de haber sostenido que la Doctrina Monroe “América para los americanos”, no era aplicable en el caso Esequibo, Inglaterra cede a la intervención de Estados Unidos, nación que ve en el caso la oportunidad de dejar claro ante el mundo que su dominio en América era indiscutible, tal como apunta el profesor Domingo Alberto Rangel.

La presión de Venezuela logra que en 1896 se inicien las conversaciones. En 1897 es nombrada una Comisión de EEUU e Inglaterra, con escasísima participación de Venezuela. Arriba a conclusiones calificadas por historiadores como lesivas a los intereses venezolanos. En 1899 se firma el Laudo Arbitral que nombra un Tribunal para fijar las líneas fronterizas, compuesto por cinco miembros: dos ingleses, dos estadounidenses y uno ruso.  Nadie de Venezuela. A los cuatro meses dicta sentencia a favor de Inglaterra.

“Inglaterra se despacha y se da el vuelto. Mientras usurpa territorios, introduce en el Esequibo 40.000 colonos ingleses, a quienes luego usara como argumentos de soberanía. Como decía Enrique Bernardo Núñez, del lado se Venezuela se tenía una fe libresca en el derecho. Se creía en el arbitraje como una formula salvadora. Desde que esa idea penetró en la mente de los encargados de los intereses de Venezuela, los absorbió por completo”, señala Herrera.

 

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