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España legaliza la eutanasia

La semana pasada, “España (se convirtió en) el séptimo país del mundo en legalizar la eutanasia. “La aprobación fue celebrada en el Congreso con un aplauso prolongado de los partidarios”. El Parlamento se pareció a un ring de boxeo, pero trastocándose las opiniones: las fracciones políticas de izquierda se presentaron como supuestas defensoras de políticas de derecha (defensa de la vida), y viceversa: ¡como si nada, los fascistas defendiendo la vida! Si así fuera, en vano se buscaría buscar la reconciliación con la vida por medio de los “cuidados intensivos”, medio más prolongado y costoso que la práctica puntual de una “buena muerte”.

A propósito de la eutanasia, cabe precisar esta noción del vocabulario. Según la etimología, eutanasia significa buena muerte. Si la muerte es algo ineludible, ¡cómo no desear la mayor reducción posible de su hipotética violencia! Pero en los debates actuales, las palabras reflejan diferentes interpretaciones posibles. Así la palabra “libertad”. Si se trata del uso de los analgésicos para aliviar los últimos sufrimientos, es evidente obligación de la medicina. Aún si, a veces, se va recortando de esta manera la duración de la vida.

En la noción terapia entran la “terapia intensiva” o los “cuidados en estado crítico”; lo cual abarca más explícitamente que la “terapia intensiva” la atención psicológica, emocional, religiosa misma; en estrecho contacto con la familia. Pero excluye cualquier obstinación terapéutica. Pues nada obliga a un enfermo o su familia a movilizar cuidados desproporcionados y sin esperanza suficiente de sanación. Viene el momento en el que es prudente parar la insistencia (no la asistencia) médica.

Estos conceptos son relativamente concretos, pero también relativamente difíciles. Lo que es claro: administrar una dosis voluntariamente mortal, con la solicitud del enfermo o sin ella, o la de su familia… Cambian las palabras: obligan a hablar de suicidio asistido, acción voluntariamente mortal, con premeditación. Solo la muerte deliberadamente provocada se alza contra el respeto absoluto a la vida, y debería ser, en todo caso, inaplicable.

Acompañar a un hermano o hermana en humanidad, hasta el umbral de su muerte, implica respeto a su dignidad y al misterio de su vida.

Sacerdote de Petare

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