Expertos

Lo realmente inteligente y que pocos someten a discusión alguna es consultar al que sabe y conducir las decisiones bien pensadas basadas en ese principio, considerando -por supuesto- el contexto que se vive. 

¿Te enfermas? Pues, acudes a un médico que conozca del padecimiento. La experticia del médico se fundamenta no en haber experimentado lo que hoy te preocupa, sino que cura porque estudió y por la empatía del padecimiento. Pregunta por síntomas, dolores, los entiende, y prescribe el tratamiento basado en ellos. Porque sabe. 

¿Problemas en la empresa o con tu jefe? Acudes a un experto en la materia. De esos que llaman gurú (maestro en sánscrito) y que -como el médico- aplica una interesante y apropiada metodología fundamentada en las evidencias que recolecta de la situación actual. 

Existe un muy viejo adagio que se lee en los Upaniṣad (que son más de 200 libros sagrados hinduistas escritos en idioma sánscrito que data del 800 aC.) que reza: 

«Ciegos conduciendo a ciegos».

Dos mil ochocientos años de sabiduría que refuerzan aquello que señalaba en el primer párrafo. 

¿Quién podría acudir por consejo a un probado inexperto (para no decirle inútil) para curar un delicado cuadro de salud, bien personal o ajeno, o escalando en el orden de las cosas de la situación específica de un Estado-Nación? Seguramente, nadie en sus sanas casillas.

¿Cómo entablar una fructífera conversación con quien obstinadamente persiste en el consejo del que tiene poca o ninguna experticia? Simplemente, es necesario un nuevo interlocutor, o como diría Alexis de Tocqueville:

«Estamos separados por un espacio demasiado grande para que la discusión pueda ser fructífera. Hay un mundo intelectual entre tu doctrina y la mía».

*El autor es Presidente del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

@betancourt_phd

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