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Flagelación

Soy un conocedor a fondo, y un fanático del tema de la Segunda Guerra Mundial. En realidad, me he leído unos cien libros sobre el tema, con diferentes visiones, desde los gringos que se autonombraron los triunfadores de la guerra, cuando en realidad fueron los rusos, hasta historiadores rusos, chinos, ingleses, españoles, alemanes y latinoamericanos. Sé de las barbaridades que cometieron los nazis en distintas partes del mundo, incluyendo el curtido de piel humana para determinar su reacción y su capacidad, hasta los brutales experimentos de Mengele, que en realidad no era él solo, sino toda una generación de médicos alemanes y austríacos dedicados a ese tipo de investigación.

No recuerdo haber leído en ese trágico episodio de la humanidad de 1939 a 1945, que los alemanes hubieran aplicado la flagelación como una política de exterminio. Me explico, hubo, sin duda, flagelación, pero nunca la vimos, así como hubo tortura. El “corredor polaco”, fue uno de los mayores desprecios a la dignidad humana, donde la gente se moría de hambre o de frío en las calles, y eran tratados como animales por los alemanes. Pero no hubo flagelación. Han pasado 77 años de aquellos hechos despreciables, y en verdad estaba convencido de que ese tipo de acciones estaban superadas por el ser humano. O que el ser que se dice humano, fuera humano de verdad. Esos videos recientes de ver amarrar a un hombre a un poste de alumbrado en la vía pública, desnudo de la cintura para abajo, siendo duramente flagelado, no deja equívocos: la humanidad perdió el rumbo hace rato. No sabe qué hacer.

“Les pedí algo de comida para los niños pequeños: ‘¡Al menos dame una lata de conservas y media barra de pan!’ Y el de Azov me dice: ‘¿También quieres que te dé de comer?’… Cuando se marchaban de este edificio, bloquearon con cajas la salida del sótano, es decir, del refugio antibombas. Y la gente se quedó ahí dentro, hacían sus necesidades dentro, comían y lo hacían todo en el mismo sitio, hasta que llegaron los de la República Popular de Donetsk y los dejaron salir”, fue la dura narración un anciano, refiriéndose al regimiento nacionalista ucraniano Azov.

Qué hubiera dicho Maupassant, a quien le encantaba burlarse de la sociedad hipócrita y pacata. Razón tuvo Fassbinder, el genial cineasta alemán, al burlarse de la sociedad a través de sus películas. Razón tenía Alí, cuando dijo: “Ayúdenla… que sea humana, la humanidad”.