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Historia Sangre y Batallas

Mire Don Antero, eso de las batallas se entiende como la cuestión central en los cursos de historia universal y local. Un contenido que al estudiante todavía se le exige aprender en todos sus detalles. Así es, profesor, en los libros de mi tiempo también el reguero de sangre se consideraba lo más importante a estudiar.

Y lo peor, mi respetado amigo y maestro, es que aún se concibe y considera inalterable la especie de desiderátum o concepción de vieja data según el cual ‘sin sangre no hay historia’. Sin violencia, batallas y todo tipo de confrontación de fuerzas y cuenta de muertos, no hay historia.

Profesor, es cierto que en nuestra historia no ha faltado esa suma de muertos, heridos y desaparecidos. Y creo que las batallas, tenidas como arma mayor de la historia, todo lo resume.

Eso me lleva a recordar, Don Antero, una experiencia de inicios de los 50 del siglo pasado. Entonces presentaba en mi Liceo ‘Agustín Codazzi’ el examen oral de Historia Universal de 2° año, una vez aprobada con alta calificación la prueba escrita. El primer jurado me dio una tiza para que dibujase el croquis de la Batalla de Waterloo. Y ante mi ignorancia del tema me paseó por otras batallas que, según él, produjeron ‘cambios históricos’. De ninguna pude hacer lo que pedía y quedé aplazado.

Eso también ocurre cuando el mismo profesor Guevara, como jurado en el 6° grado de la escuela ‘Felipe Guevara Rojas’ que dirigía, me pidió dibujar el croquis de la Campaña Admirable.

En la misma asignatura en el 4° año de la Licenciatura en Historia -UCV 1962-66- se manejaba el viejo criterio, según el cual ‘las batallas hacen la historia’, determinan cambios históricos. Pero en ese caso si pude enfrentar esta pedestre tesis.

Una batalla es un momento más de un proceso que enfrenta fuerzas en armas ubicadas en contextos históricos marcados por intereses, negociaciones o acuerdos económicos, políticos, sociales, militares que, por lo general apuntan hacia la dominación o hacia una libertad-independencia que disfrutan los jerarcas-caudillos y no el colectivo-pueblo controlado por el engaño, saqueado y pisoteado. Profesor, ahí Sancho podría decir que una batalla, como la de Carabobo de 1821, no es para celebrarla como un triunfo mayor, sino para conmemorar otro momento del lamentable dolor al que se conduce permanentemente a ‘los de abajo’. ¿Libertad e independencia para quiénes?