Incertidumbre

¿Puede la oposición “ganar” las elecciones regionales y locales del 21 de noviembre? ¿El chavismo tiene “asegurada” la victoria? ¿Qué pasará a partir de allí, “se arreglará Venezuela”? Lo interesante de estas preguntas es que en este momento todas pueden responderse correctamente con un sí y un no.

En 1935, el científico austríaco Erwin Shcrödinger diseñó un experimento mental para ilustrar el entrelazamiento cuántico: encerrar un gato en una cámara sellada junto a una lata de veneno que podría abrirse en cualquier momento o no abrirse nunca. El resultado es la superposición de ambos estados: el gato está a la vez vivo y muerto, hasta que se abra la caja.

La oposición está hoy, a la vez, en su mejor y peor momento. El mejor porque la crisis económica y social ha derrumbado la valoración política del Gobierno. Es la oportunidad más clara en 20 años de ganarle al chavismo. Y el peor porque su propia valoración está por el piso. Vienen de decirle a su gente que el voto estaba maldito, para ahora llamarlos a votar. Su base está molesta y desmotivada. Además, como sienten que tienen chance, hay tremenda trifulca interna por agarrar la tajada más grande de esa hipotética “victoria”, lo cual aumenta las probabilidades de ganar del Gobierno. Para completar, aunque decidieron participar, dicen que “todavía no hay condiciones”. O sea que podrían retirarse antes o, si pierden, cantar fraude.

El chavismo parece estar mejor. Ya tiene sus candidatos únicos, cuenta con la mayor “maquinaria” de movilización electoral. Además, la división opositora y el fracaso de la guaidonada fortalecen su posición. Con respecto a 2015, hoy están en su “mejor momento”. Sin embargo, nada de eso elimina la grave situación del país y su impacto político. Su gente también está molesta y desmotivada por lo duro de la crisis, el aumento de las desigualdades y la postergación de la promesa de “recuperación”.

Para que Venezuela “se arregle”, se necesita “normalización” institucional, acuerdos políticos y levantamiento de sanciones. El 21-N depende de México y México depende del 21-N. Nada es seguro en este punto.

Como en el caso del gato vivo/muerto de Schrödinger, solo nuestra intervención puede hacer colapsar la incertidumbre. El problema es que aquí, en la realidad, el gato somos nosotros.

@angelgonzalezvn

 

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