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Industrialización, estrategia de soberanía

La política económica que se ha venido instrumentando desde el año 2018 ha permitido -en el marco de la guerra económica contra nuestro país- detener la caída, estabilizar y promover el crecimiento de la producción nacional. Para ello se puso en práctica un programa de recuperación y crecimiento que ha exigido coherencia y coordinación entre los distintos actores involucrados.

A dos meses del cierre del año 2023, la economía nacional evidencia un comportamiento estable en comparación con los años previos (2014-2021). La desaceleración de la inflación, estabilidad del tipo de cambio, crecimiento de la producción no petrolera, mercado nacional abastecido, entre otros indicadores macro, nos permite cotejar un antes y un después del desempeño de una economía bajo ataque permanente.

Ninguna política económica es perfecta. Debido a ello, su instrumentación está permanentemente bajo la mirada de sus hacedores con el objeto de corregir en tiempo real los desaciertos y reconducir. El ejercicio de planificación estratégica y las técnicas de prospectiva son fundamentales para garantizar el uso eficiente de los recursos.
Con la fase de estabilización a la que arribó la economía, surge una nueva coyuntura que exige la instrumentación de un conjunto de estrategias dirigidas al crecimiento de la actividad productiva. Para el caso venezolano debemos incorporar en el análisis, las MCU y las diversas manifestaciones de guerra económica vigentes a la fecha.

En este contexto, el proceso de industrialización de las fuerzas productivas se asienta sobre dos vértices: 1) incorporación de nuevas tecnologías en el marco de las relaciones diplomáticas con las economías emergentes (China, Rusia, Irán, Vietnam, entre otros) que nos permita construir progresivamente soberanía productiva desde nuestra principal fortaleza, la producción petrolera hasta el desarrollo de la producción no petrolera.

2) Una nueva cultura del trabajo productivo que rescate y enaltezca lo hecho en Venezuela.
Por otro lado, la política arancelaria constituye una poderosa herramienta para resguardar la producción nacional. Hecho que demanda una visión minuciosa y el conocimiento detallado de todos los elementos asociados al proceso productivo local: insumos, bienes de capital con el firme propósito de construir una sólida y coherente política de protección a la industria.

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