InicioOpiniónIndustrializarse en un mundo globalizado

Industrializarse en un mundo globalizado

En la entrega anterior comentábamos la importancia de comprender y monitorear los cambios que se gestan en el seno de la economía mundial para retroalimentar políticas públicas que capitalicen la coyuntura, en función de una ruta concreta hacia el desarrollo de las economías desindustrializadas de Suramérica.

En el marco de la división internacional del trabajo, nuestra región se articuló al comercio internacional como surtidores de materias primas. Un gran reto nos ocupa: aumentar la producción local, agregar valor de forma eficiente con la incorporación de nuevas tecnologías al tiempo que consolidamos bloques de integración para conectarnos al mercado mundial, desde una posición ventajosa.

¿Qué actividades industrializar? ¿Cómo industrializarnos? Son interrogantes que debemos abordar con rigurosidad ante una actualidad signada por el ascenso sostenido de las economías emergentes, donde las nuevas tecnologías han revolucionado la producción lo que obliga a replantear estrategias y métodos.

Ejemplo de ello es la producción de países como China, en el que un bien manufacturado (carro, celular, bicicletas, entre otros) supera por mucho la cantidad producida en cualquier otra economía a la hora de competir por el mercado. De allí que, los principales mercados del mundo instrumenten políticas arancelarias para intentar resguardar su producción local respecto de lo hecho en China.

Nuestra principal fortaleza radica en el potencial energético. De tal forma que, pensar un proceso de industrialización para la economía venezolana pasa por desarrollar el proceso de exploración, perforación, producción, refinación, almacenamiento, transporte, distribución y comercialización en estas áreas, con énfasis en las actividades conexas como la petroquímica.

Otro aspecto lo representa el desarrollo a gran escala -en armonía con la naturaleza- de la agricultura en alianzas progresivas y estratégicas cuyas inversiones impulsen proyectos como, por ejemplo, las zonas económicas especiales (ZEE) sin menospreciar la urgencia de satisfacer la demanda interna.

Por otro lado, el progreso de la producción agrícola abre indefectiblemente la necesidad de crecimiento y desarrollo de industrias intermedias y ligeras asociadas a este sector -agregando valor- lo que brinda oportunidades no solo de diversificación sino de intercambio, léase: una marca país, una firma, un posicionamiento.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí