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Chávez y Maduro sin culpa

La sentencia o llantén “culpa e’ Chávez” o “culpa e’Maduro” quedó sepultada el 21 de noviembre, Día del Estudiante. Por primera vez en dos décadas la derecha no acusa al líder bolivariano ni a su sucesor de los reveses y barrancos que cosecha. La aplastada derrota electoral –solo las victorias son aplastantes- no se le atribuyó al Comandante invicto ni a su aplicado hijo, sino a sus propios compañeros de rutas y extravíos. ¡Venga un abrazo!

El horóscopo chino no tolera arácnidos, pero el occidental anida el signo de escorpio, cuyo ciclo se cierra precisamente el 21 de noviembre, día que escogió en sospechosa coincidencia astral el CNE para las elecciones regionales. Era una fecha retrógrada para la oposición, de recelos y divisiones. Supersticiosa, esta achacó sus tropezones a los alacranes, unos bichitos que se cansaron de guarimbas y quema de gentes y enfilaron sus pinzas hacia las urnas electorales.

La mediática mundial fue cogida fuera de base y hasta El País de España parecía un periódico serio y veraz, para no hablar de la televisión ibérica y el amarillismo yanqui. Ni los berridos de Guaidó encontraron eco en los noticieros imperiales. Así que, pescando titulares, dábamos con estos sumarios:

-David Uzcátegui: “Hubo 44.000 votos por la MUD que se perdieron para la gobernación”. ¡Si el gavilán se comiera!

Laidy Gómez: “Bernal ganó por 3.500 votos y el candidato de la MUD obtuvo 55.000”. ¡Me voy por la tarde linda!

Rosales: “Pudimos ganar más de 10 gobernaciones pero la oposición está en crisis”. Si me matan y me muero.

Brito: “Barreto Sira y la MUD son los culpables”, acusó Brito sin nombrar a Juan Tabares ni a Paulina Colmenares.

El hilo de titulares de este tenor es infinito, como los cuentos de Scheherezade o los ovillos de Penélope, demasiada poesía para tanta alacranada. Por 48 horas, el comandante bolivariano y su hijo quedaron libres de aguijonazos y ponzoñas. Pero el miércoles la derecha despertó contando que tuvo una insufrible pesadilla en la que Chávez ni Maduro eran culpables de nada.

-¿Y qué se siente? –preguntó una angustiada opositora.

-Que te quitan lentamente el oxígeno, ¡ay Dios!