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Inmigración condenada

La persecución a los inmigrantes se agrava cada día. Desde la vieja Europa hasta llegar al nuevo continente en que vivimos, supuestamente con un Norte de la mejor democracia, la inmigración es condenada con más rigor. La ley del más débil enseña que tienes menos derechos en la medida en que seas más vulnerable socialmente y, por supuesto, al inmigrante se le condena a vivir en una especie de “apartheid” que lo excluye del concepto de ciudadanía porque es pobre y está en la línea de riesgo a ser víctima del odio, de eso que ahora llaman “aporofobia” allá en Europa como acá en América, concretamente en Estados Unidos, lugar al que insisten millares en llegar, frente a la política del rechazo migratorio que no permite que todos entren. A los “espaldas mojadas” no los vieron con buena cara, a pesar de su fuerza de trabajo. Igual sucede con los venezolanos que ahora son condenados y estigmatizados en una campaña políticamente pensada para desacreditar a Venezuela. “Basta de xenofobia y de persecución”, dijo el presidente Maduro.

Desde la época colonial el “ius migrandi” sirvió para que hombres y mujeres de Europa y de otros continentes llegaran a estas tierras. Nadie los reprimió. Ninguna ley los criminalizó. Pero hoy, por ejemplo, hacerlo desde México, Perú, El Salvador, Honduras o Venezuela para vivir en Estados Unidos es cuestionable y los inmigrantes son perseguidos y criminalizados.
Se ha dicho que la presión de los excluidos llega a un punto que se vuelve irresistible. Ese decir tiene realismo conmovedor cuando estamos en presencia del fenómeno de la inmigración y Europa y Estados Unidos desatan la aversión, la discriminación y la violencia contra los inmigrantes.

Es la inmigración condenada. En la definición del racismo ya no sólo se habla del odio por motivos de raza, color, linaje o étnico, sino que ahora el racismo se extiende a ciertos grupos, como los indigentes, y se habla de otro tipo de racismo que lo justifican en la inseguridad ciudadana pero que tiene su clave en la discriminación de la inmigración.

Ahora, el problema de la migración condenada es grave en el contexto de lo que hoy está pasando en la comunidad internacional, porque a la pobreza de los países subdesarrollados se suma esa perversa discriminación que muchos no quieren ver; sin embargo, ahí está amenazante el ejercicio del “ius migrandi” que ya no se explica como “misión de evangelización”.

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