Innovación social: alternativa de resistencia ante medidas coercitivas

Desde el mismo momento en que se califica a Venezuela como amenaza, en el año 2015, han sucedido cantidad de eventos conocidos como sanciones, medidas coercitivas unilaterales y bloqueo, haciendo del tema un apasionante espacio de investigación, no solo para el análisis y comprensión del fenómeno sino, por la capacidad de respuesta del pueblo venezolano ante dicha situación.

Pudiésemos referirnos a las sanciones desde la óptica de la afectación económica, política, social, cultural e internacional, sin embargo, quisiera resaltar en esta oportunidad, la forma cómo desde una postura valiente, la innovación social se posiciona entre las alternativas de la gestión de gobierno y desde la acción comunitaria para enfrentar la situación que aqueja directamente la vida cotidiana de la sociedad.

Existe una lógica de funcionamiento en el ámbito industrial, que ha dado significancia a la innovación como aquel proceso que implica escalamiento, patentamiento y comercialización en el mercado. Sin embargo, los productores, campesinos, mujeres organizadas en cada una de las regiones del país, se autodefinen como innovadores o innovadoras e incorporan o proponen un conjunto de proyectos que clasifican como innovaciones, con productos no siempre escalables y distintos a aquellos que pudiesen ser considerados como innovación en el contexto de los indicadores internacionales.

Es por ello que consideramos que en Venezuela se están gestando procesos, modos de organización, modos de gestión, productos y proyectos que, de manera distinta y novedosa generan soluciones locales y comunitarias. Es a estos procesos, que involucran redes, alianzas, organizaciones comunitarias y métodos diversos y que adicionalmente tienen expresión real en el territorio a través de variables de visión crítica, como conocimiento para innovar, aprendizaje mutuo, socialización de saberes, vinculación social, construcción popular, lo que estamos considerando como innovación social.

Así, experiencias como las redes de innovación productiva, las alianzas entre los saberes científicos y campesinos, las alternativas de alimentación, las iniciativas de procesamiento de alimentos, las nuevas formas organizativas para la distribución de alimentos, entre muchas otras que pudiésemos mencionar, demuestran capacidad organizativa de la comunidad, participación colectiva y colaborativa, gestión social conjunta con instancias de acompañamiento técnico por parte del Estado, y soluciones puntuales a necesidades locales, lo que hace de estas experiencias una forma de resistencia en el territorio ante los impactos negativos de la medidas, sanciones y bloqueos cada vez más evidentes en la vida cotidiana de los venezolanos y venezolanas.

Nuestra intención es poder visibilizar estas experiencias, avanzar en nuevas formas de medición que den cuenta de otro tipo de innovación cuyo saldo es eminentemente social y no exclusivamente económico. De esta manera, avanzamos en la definición de la innovación social como proceso que impulsa soluciones a partir de productos o proyectos novedosos para la resolución de problemas locales, vinculados a temas prioritarios nacionales y que generan saldos organizativos en el territorio.  Son las alternativas de más de cinco mil innovadores e innovadoras venezolanas que resisten día a día los embates de un imperio. Es, tal como lo mencionó el Presidente Maduro en el año 2019: “Cuando uno ve que el ser humano con su conocimiento puede crear ciencia y cosas nuevas y que ésta tiene una aplicación práctica para la felicidad social, uno dice: este es el camino; la ciencia, la tecnología y la innovación al servicio del desarrollo de un país entero, sobre todo uno sometido a un bloqueo económico”

La autora es presidenta del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Oncti)

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