Jorge Rodríguez, padre

Nació en Carora, Lara, el 16 de febrero de 1942. Fue asesinado el 25 de julio de 1976, por el presidente, corrupto y asesino, Carlos Andrés Pérez, su ministro del Interior y jefe policial, Octavio Lepage, quien trató de encubrir a los asesinos directos, los jefes y la banda de torturadores de la Disip.

Jorge y yo nos encontramos definitivamente y entablamos una estrecha camaradería desde el año 60. Algunas veces me tocó dormir en su casa. Cuando pasé a la clandestinidad, Jorge siempre supo por dónde andaba yo. No hubo iniciativa política, organizativa, de masas, de seguridad… que no discutiéramos.

Cuando a fines de los 60 tomé el camino de las guerrillas, Jorge visitaba regularmente el lugar por donde yo estaba y juntos elaborábamos los planes de la OR y la Liga Socialista. Esas decisiones pasaban por el Comité Político-Militar, del que yo era secretario general. Esos frecuentes encuentros me permitieron aprender mucho de Jorge. Cuando lo asesinaron el vacío fue terrible, particularmente para mí.

Llegó el año 1976. Detienen a David Nieves, hecho lamentable. Le profesaba cariño y confianza. Me dolió mucho su detención pues sabía que lo iban a torturar, pero con la seguridad de que él no iba a confesar nada. Me trasladé a Caracas para hablar urgentemente con Jorge y prevenirlo. A él lo iban a matar. El “Gang de la muerte” (ex-militantes de izquierda que se habían pasado para la policía), lo tenía sentenciado. Logré hablar con Jorge y advertirle de la situación. Pero, el Gang llegó primero.

Entre Jorge y yo creció una relación de amor, de solidaridad, camaradería que poca gente conoció. Un día se hará el reconocimiento que se merece. Jorge fue mejor que yo. Lamento que el asesinado haya sido él.

Su familia, Delcy, sus dos hijos, Jorge y Delcy Eloína, fue su gran tesoro que Jorge formó y cuidó junto con Delcy Gómez, como joyas de una corona secreta, que Jorge y Delcy pueden conservar hoy sin mostrarlas explícitamente. Cuando realizan maravillosas intervenciones, como la que hizo Delcy hoy en el homenaje a Bolívar; las que hace Jorge cuando brillantemente denuncia al imperio, abren un mágico y secreto baúl pleno de genialidades y de antiguos mensajes conservados por espíritus guías-protectores, que es posible que tengan una secreta oración que les llega desde los cielos estrellados.

 

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