José Gregorio Hernández, el servidor

Cuando se cruza el umbral de nueve décadas de existencia, ya es imperativo vivir acompañado. Ella no es la excepción, solo que en su caso esto la ha convertido en una mujer errante. En todos sus periplos y largas estancias, la acompañan dos pequeñas estatuas, una de José Gregorio Hernández y otra de San Benito. Son veneraciones diferentes, pero llama mi atención la que tiene al Doctor José Gregorio. Cada noche susurrando se encomienda a él, a través de la oración, con una fe sólida e inquebrantable. Tengo la impresión que ella siente que nunca la ha desamparado, sobre todo en aquellos tiempos de enfermedad.

Tal día como hoy la iglesia católica, apostólica y romana eleva a rango de santo a nuestro José Gregorio. Un acto formal y necesario, pues hace casi un siglo su figura es de obligada presencia en los altares venezolanos y la mayoría de los que habitamos este país, nos hemos encomendado alguna vez, en esos momentos duros, donde nuestra salud se ve comprometida. Resulta curioso que este acto de canonización, se dé en medio del contexto de pandemia. Según las previsiones de los organizadores del acto, no habrá más de trescientos asistentes, lo que es una pena, pues de no ser por el covid-19, la manifestación de cuerpo presente de nuestro pueblo sería descomunal, pero seguro que se manifestará vía telemática.

No soy católico, pero la mujer que describo al principio me regaló una estampita de Jose Gregorio Hernández, que recibí con mucho afecto y que conservo como un gesto de quien me desea buena salud. Ahora bien, del que fue “el siervo de Dios” quiero destacar la dimensión de servicio. Este hombre se consagró a atender a los más pobres, en un país rural donde la atención médica se reservaba para quienes podían pagarla. Esta dimensión es clave hoy, en un contexto donde predominan los mercaderes de la salud, que no buscan sanar, sino una relación de dependencia que le permita exprimir todos los recursos que puedan del paciente. José Gregorio es un testimonio nítido que interpela a quienes sólo ven en la medicina, las posibilidades de lucrarse y es inspiración para quien busca hacer de este oficio, una contribución para que seamos un pueblo saludable, como un derecho humano fundamental, asociado al derecho a la vida.

 

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