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La Ch y la Ll

La Real Academia Española ha decidido excluir definitivamente del abecedario los signos ch y ll, ya que, en realidad, no son letras, sino dígrafos, esto es, conjuntos de dos letras o grafemas que representan un solo fonema.

Más o menos desagradable para algunas personas. Si usted aprendió el alfabeto como a, b, c, ch, d… le molestará más. Pero creo que tienen razón, ya en la vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española, publicado en 2001, la ch y la ll no tenían un espacio especial. Al chancho o a cualquier otra palabra con ch le precedía en el orden alfabético cevichero, y después de chuzonería seguían las palabras iniciadas por cia.

Pero me recordó que la autoridad que ha decidido se llama Real. Y ese “real” no quiere decir verdadera, sino perteneciente al rey o a la realeza. Y es que nuestra irreflexiva referencia (y reverencia) hacia la Real Academia Española lleva implícito el reconocimiento a la autoridad real. Pasa igual con la Royal Society (Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural, la más antigua del Reino Unido y una de las más viejas de Europa).

Tanta realeza me lleva a la constitución española o, como se llama de verdad, Constitución del Reino de España, aprobada por las Cortes Generales el 31 de octubre de 1978. Hija de un período de transición, abierto después de la muerte de Francisco Franco en 1975, luego de 36 años de dictadura. Un estadillo de movilización popular exigía democracia y sacudirse de la dura herencia autoritaria.

La solución que encontraron las élites para evitar sobresaltos fue la resurrección de la monarquía. Pese a que aquella Constitución establece que “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho” y que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, también define que “la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”.

El Rey es el Jefe del Estado y “la Corona de España es hereditaria en los sucesores de Su Majestad Don Juan Carlos I de Borbón”. Al Rey corresponde, entre otras cosas: sancionar y promulgar las leyes, el mando supremo de las Fuerzas Armadas, proponer el candidato a Presidente de Gobierno… y el Alto Patronazgo de las Reales Academias. Todas las mayúsculas vienen de aquel texto oficial.

Con razón se queda sentado ante la espada de Bolívar.

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