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La corrupción como arma política

La corrupción es una idea compleja e indeterminada, a lo que hay que agregarle que ofrece múltiples enfoques de abordaje, dando lugar a inacabadas discusiones de distinta naturaleza, sin que se pueda encontrar una noción común. La representación más generalizada de corrupción en Venezuela es aquella que entiende que son los hechos donde existe la apropiación de fondos públicos o el uso de medios públicos para un beneficio particular.

Chávez surgió denunciando a una clase política corrompida, frente a la cual esgrimió un horizonte alterno y se erigió como un referente ético, que se mantiene en el imaginario social. Creyó que con la derrota política era suficiente y no hubo castigos, aunque en la retórica chavista se mantuvo la idea de la corrupción de la cuarta república.

Siempre ha contribuido a la proliferación de la corrupción un sistema judicial que se usa como una tenaza en la mano de quien mantenga la correlación de fuerzas a su favor. Según los intereses que prevalecen, provee absolución o brinda castigo. Nuestro sistema de justicia no ha sido afectado significativamente en la Revolución Bolivariana, se ha mantenido casi intacto en su desempeño, solo migraron las tribus judiciales que lo administran.

Quienes se oponen a la Revolución Bolivariana sostienen en su discurso que este gobierno es el gobierno más corrupto de la historia y se erigen como los puros e inmaculados, inertes, sin vinculación a intereses particulares, ocultando sus conductas actuales y del pasado. Buscan cambiar la correlación de fuerzas para contar con un escenario donde el discurso de la corrupción les sirva para restaurar los beneficios plenos del capital, que es lo que ocurre en Brasil o Bolivia.

Se proponen utilizar todos los recursos necesarios en el sistema de justicia para procesar a los que consideren incómodos, es decir, la criminalización como forma de hacer política. Lo anterior no niega la existencia de conductas corruptas en la Revolución Bolivariana, la cuales solo se podrán erradicar si contamos con una dirección política dispuesta a hacer lo que hay que hacer para tener un sistema de justicia al servicio del pueblo. Para construirla es clave la participación organizada, que es el mejor antídoto contra toda forma de corrupción.

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