La educación cara a cara se resiste a tomar distancia

Sin riesgo de equivocarme, afirmo que el estudio empleado por el Secretario General de la ONU, Antonio Gutérrez, para concluir que la Pandemia ha hecho retroceder a la humanidad 25 años, incluye a la ausencia de relación directa, el encuentro, cara a cara, profesor estudiante, entre sus variables incidentes.

Bastaría mencionar que según el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe, IESALC, en el informe titulado “COVID-19 y la educación superior: De los efectos inmediatos al día después”, más de 1.570 millones de estudiantes de escuelas y universidades, de 191 países, perdieron, en coloquial lenguaje académico, un semestre por causa de la imposibilidad de asistir a las aulas.

Sólo en América Latina la pandemia provocó el cierre temporal de miles de colegios y universidades, afectando a 160 millones de estudiantes, según la UNESCO.

Grave. Para responder a esta realidad la Universidad ha incorporado estrategias pedagógicas que, en el contexto de la pandemia, inevitablemente se encuentran atiborradas de incertidumbres, en sus tareas de reformular didácticas que logren explotar al máximo las modalidades de formación a distancia, semipresencial y presencial.

Algunas tareas no han sido en vano. Durante la Pandemia la educación a distancia ha avanzado en la conquista de objetivos de formación en áreas del conocimiento humanístico, social, en ramas de las matemáticas, físicas e informáticas; pero en especificidades de las ciencias de la salud, ingeniería, química, biología, veterinaria, agronomía los éxitos son parciales, pues el acto de formación exige la presencia física, comunitaria, del estudiante y el profesor en salas, laboratorios y campos, espacios de discusión.

Uno de los escollos es que durante los intentos por formar a distancia se corre el riesgo de no impartir la totalidad de los contenidos, así como de que hayan fallas metódicas de formación, las cuales son inevitables en todo proceso de incorporación y adaptación de las nuevas y siempre experimentales modalidades de enseñanza, en sus naturales esfuerzos por lograr una formación igual o superior a la alcanzada cara a cara.

Para superar las trabas, algunos educadores han mezclado la educación a distancia con la semipresencial en áreas o ramas de la ingeniería y las ciencias, haciendo uso de simulacros asistidos por la tecnología de información y comunicación, la digitalización. Lo más efectivo ha sido el uso mixto, híbrido, de las modalidades educativas con los aportes de las tecnologías.

No obstante, el director del IESALC, Francesc Pedró, considera que «la verdadera innovación no tiene que ver con el soporte, tiene que ver con intentar responder a la pregunta de cómo podemos conseguir que los estudiantes aprendan más y mejor en el siglo XXI”.

Y añade: «Nos engañaríamos si pensáramos que el uso de la tecnología es sinónimo de un proceso de enseñanza y aprendizaje innovador”.

Es que el asunto a dirimir bien lo describe Magdalena Vergara, directora ejecutiva de la organizacion chilena Acción Educar, quien apunta: «Las universidades son, después de todo, comunidades del conocimiento y las diversas asociaciones que surgen en su interior configuran diversos espacios de encuentro entre alumnos y docentes que permiten una formación a partir de la discusión de ideas y la reflexión de las distintas disciplinas y el acontecer nacional».

Más allá de lo sofisticado que puedan ser las tecnologías empleadas en la educación a distancia, el problema sigue siendo la resistencia mostrada por el necesario encuentro entre los miembros de la comunidad Universitaria, a la impersonal educación a distancia, pues sabe que el intercambio de conocimientos es un acto comunicacional, que como tal se cumple a cabalidad solo cuando se alcanza la puesta en común de rostros humanos.

Quizás por ello Vergara destaca que «Es clave buscar la forma de mantener esos espacios de discusión e interacción, que son parte fundamental de la experiencia universitaria y que especialmente en estas circunstancias adquieren total sentido, para comprender los procesos y cambios».

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