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La fuerza del blanqueo

En la medida que crece la globalización, la fuerza del “blanqueo” aparece como un fantasma que se resuelve en fondos oscuros y se confunde en un inmenso escenario de lesividad macrosocial. Se trata del dinero mal habido que no se puede explicar ni justificar legalmente, y quienes lo poseen buscan legitimarlo a través del “blanqueo” para darle vida en el mercado legal y financiero de capitales. También lo llaman “lavado de activos”, pero técnicamente hablando es lo que se conoce como “legitimación de capitales en el mercado financiero”. Hoy se presenta como un fenómeno en el mundo de la delincuencia transnacional que cada día se extiende más y, por supuesto, afecta a cualquier orden socio económico.

En la vida cotidiana se percibe la persecución del “blanqueo” o “lavado” de capitales cuando, por vía presencial o digital, se le pregunta a una persona en cualquier institución bancaria, financiera o de otro orden, sea económico, cultural o socio-político, sobre el origen del dinero que en ese momento está utilizando en gestión de negocio, transferencia o inversión. Se trata de evitar que el dinero de mala procedencia sea legitimado a través de las instituciones bancarias y financieras, pero la fuerza del “blanqueo” es difícil de contener. Cualquiera percibe esa fuerza que se introduce en bancos e instituciones financieras y se levanta majestuosa en modernos edificios y centros comerciales. Hoy en día, los dineros de ilícita procedencia, no sólo provienen del narcotráfico, sino también del tráfico y explotación laboral y sexual de seres humanos, secuestros, contrabando de armas y, por supuesto, de la corrupción de funcionarios públicos, entre otras actividades ilícitas. Para esa fuerza del “blanqueo”, los “blanqueadores” suelen operar utilizando empresas ficticias o cualquier otro medio que facilite la ocultación del origen ilegal del dinero.

En el caso del “blanqueo” de capitales provenientes de la corrupción contra el Estado, los corruptos colocan esos dineros mal habidos en “paraísos fiscales” de Europa. Igual lo hacen en América, en ciertas ciudades o pequeñas islas. Lastimosamente son capitales que se transforman en inmensos patrimonios particulares a costa del desarrollo social de los pueblos porque, cuando se trata de dineros públicos, el único lastimado es el pueblo en sus necesidades de alimentación, educación y salud, Y todo por la fuerza del “blanqueo”.