La indolencia

Iba a buscar la palabra en el diccionario, pero me basta con lo que suena: se le dice indolente a quien no le duelen las cosas, al que es indiferente ante el dolor de los demás, al que apaga sus compromisos y se hace el loco, y no se mete, como si no fuera problema de él o de ella. Y como dijo Chávez alguna vez (sobre lo cual dejó también todo un testimonio de vida): “corazón que no siente, ojos que no ven” y brazo que se va desprendiendo de lo que tiene que hacer, de su decoro y su dignidad.

Lo dijo el presidente Maduro, en la juramentación de esta semana de la nueva gobernadora de Aragua, Karina Carpio. Y sentí que lo decía con el corazón en la mano.  El bloqueo ha dejado heridas profundas en nuestro país. Ha sido duro. No son solamente la guarimba uno, la guarimba dos, el atentado con drones, los intentos de invasión y golpe de estado, las operaciones paramilitares, el saboteó, sino también el deterioro continuo de las condiciones de vida. “Y hay gente que no entiende que justo lo que querían y siguen queriendo es que la gente se canse y se desespere, que el pueblo le dé la espalda al camino de la soberanía y de la igualdad que es la revolución Bolivariana, y hay gente que se cansa, y hay gente que se molesta y hasta se voltea”. Pero junto a esas personas, “hay otros que mantienen la conciencia y ni se cansan ni se rinden, aún en las peores circunstancias”.

No es solo el “bloqueo gringo. Hay otro bloqueo que es peor: el bloqueo de las mentes y el de los corazones. La indolencia, la burocratización, la incapacidad, la corrupción nos han hecho más daño; ese bloqueo es peor, el de los que se encierran y se le voltean al pueblo”. Por eso al evaluar los resultados, el presidente se muestra satisfecho: “dónde ganamos porque merecimos la victoria y dónde perdimos, porque a veces hay que recibir el latigazo, la cachetada del pueblo, para saber que lo hemos hecho mal y que corregimos o corregimos; aprender que tenemos que actuar de la mano con el pueblo, con el poder popular: con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.

El compromiso que ha llevado a perseverar, nos obliga a tener, cada vez más, un sistema de gobierno que sea de verdad verdad un gobierno del poder popular.

Son sus palabras como las escuché, claro está. Y supo hablar.

 

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