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La justicia sigue siendo débil

Tengo razones para afirmar que la justicia en Venezuela sigue siendo débil. Lo digo porque el tiempo pasa y aún no vemos un efectivo sistema de justicia que obedezca con seriedad a un proyecto político de la misma. En esa falla histórica o crisis continuada de la justicia en nuestro país, están las explicaciones acerca de la pérdida de la legalidad que llevan a cualquier ciudadano a no confiar en la ley, ni en los tribunales, ni en los jueces.

Esa falla histórica también explica la justicia tardía en lo penal dentro de un sistema acusatorio atrapado -y esto es lo paradójico- por el uso creciente de lo escrito, del papeleo y el mero formalismo, burocrático y arbitrario, que hacen del llamado “juicio oral y público” algo pantomímico, de fingimiento para ocultar esas características propias de un sistema de justicia inquisitivo, solapado, que hoy afecta a la justicia en el país. En fin, el juicio acusatorio o juicio oral en Venezuela resultó una farsa montada en numerosas piezas de papel que superan al por mayor a cualquier expediente del viejo enjuiciamiento criminal.

Les confieso que asistí como defensor en estos días a un acto de imputación convertido en una audiencia como si fuera el mismo juicio oral, con expediente y decisión escrita y todo, incluyendo medidas cautelares. Es decir, un acto de imputación que pudo ser recogido en una hojita de papel, terminó conformado en un expediente de unos cuantos folios.

Tenemos otras cosas graves, como el problema de la justicia gratuita enfrentada a la justicia pagada, lo que desemboca en corrupción. No se puede permitir la justicia pagada o sobornada, de lo contrario la norma constitucional de justicia gratuita será fallida. La justicia gratuita no puede ser interferida por los que tienen dinero y la sobornan, o por jueces y fiscales concusionarios. Una justicia corrupta que abre las puertas para los que pueden pagarla es la peor desgracia para una sociedad que pretende igualdad ante la ley, porque no habrá ciudadano que pueda sentirse seguro de obtener justicia. El cobro ilegal, el soborno o la corrupción de jueces es una realidad de justicia tarifada que la están dejando pasar. Digo otra cosa, el problema de los bajos salarios que reciben los jueces es preocupante porque debilita aún más la justicia e incentiva la corrupción. En fin, la justicia sigue siendo débil y eso precisa de un proyecto de justicia efectiva.

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