La nueva revolución

Y se consolidó el totalitarismo en las redes sociales, previamente ensayado en Venezuela, como tantas cosas. Las tecnológicas bloquearon a Trump, quien les brindó un pretexto impecable al azuzar y orquestar el asalto al Capitolio —típico vivo bolsa. Esos servicios pueden amordazar a quien les dé su excelsa gana, como los sátrapas de los buenos tiempos. Lusinchi y Luis Herrera siguen vetados y no había Internet. Le echaron un pulso al hombre más poderoso del planeta y ya vemos que tenía tanto poder como el Mago de Oz: nada. La omnipotencia resultó omnidebilidad, porque sin Estado profundo hasta Trump es nadie.

Internet fue la primera entidad anárquica exitosa y en eso llegaron las tecnológicas, que ahora controlan no se sabe qué porque designan ciertas palabras como tabú sin avisarte. Las usas y te censuran, desde desmonetizarte hasta bloquearte a perpetuidad como acaban de hacer al Máximo Energúmeno. Por otra parte, al usar el teclado emerge la policía gramatical, que maternalmente te “sugiere” alternativas “correctas” y se desvanece la frontera entre corrección lingüística y conformidad ideológica. Terminas expresándote como quiere Bill Gates (voto a la Hipótesis Sapir-Whorf). Antes de Internet y de las PC, conjeturé un totalitarismo en que la acechanza llegaba hasta las palabras, como en la ocurrente comedia distópica Demolition Man, en que unos entrépitos micrófonos detectan y multan palabrotas.

El marxismo enseña que la lucha de clases debe culminar con la propiedad social de los medios de producción. Pero no pudo prever el imperativo de expropiar también los medios de reproducción, es decir, los de comunicación. Gran parte de la lucha se libra en ese territorio resbaladizo en que una legión de periodistas sin autoestima inventan sietecueros, babalaos cubanos en Barrio Adentro, confiscación de patria potestad, bombillos espías, bicicletas atómicas, gasolina con nanochips persas, Cuba, Cuba, Cuba. Con esas ideas brillantes enloquecen a un gentío, pese al sublime nivel intelectual de la oposición. Aunque luce más bien roñoso, a juzgar por las ideas intelectualmente paupérrimas que maneja. Más menesterosas y se muere.

Y un gentío migrando hacia Telegram y Twitter desplomándose en Wall Street.

@rhm1947

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