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La unidad monolítica

Dos grandes términos se disponen a ser protagonistas de una controversia política. La unidad representa la cualidad propia de una fuerza que hace capaz la disgregación de la fuerza del contrario, haciéndola parte de la primera. En términos de Mao, en su fundamento filosófico, la unidad de los contrarios. Por eso en un combate (cuerpo a cuerpo) siempre el principio de unidad hará que prevalezca la fuerza del vencedor independientemente de la cantidad de tropas enemigas resultantes.

El monolito se conoce como un bloque o roca de gran tamaño, de origen natural como el caso de los Morros de San Juan, pero también es una manera de simbolizar la fuerza de la materia mediante la intervención de la mano humana. En esta metáfora, por ejemplo, la unidad de los patriotas se ve simbolizada en el Monumento a los Próceres de nuestra Independencia.

Entonces la unidad monolítica constituye, en este caso, no una metáfora pedagógica, sino una necesidad de comprensión holística.
Importantes batallas se libraron en la historia de las civilizaciones en donde el ejemplo de unidad monolítica hace honor a las grandes victorias. Y estas no se debieron a los inmensos ejércitos sino a la inteligencia, conocimiento, valor y esperanza de quienes luchaban por su libertad. Estos fueron los agentes aceleradores que condujeron a mujeres y hombres a pelar en unidad monolítica contra el opresor, sin importar más nada que la libertad de sus pueblos.

Así han sido estas victorias, donde al final de las batallas, los vencidos han quedando cuantitativamente hablando, con mayor número de tropas que el vencedor. En Venezuela lo logramos, por poner tan solo uno de los más emblemáticos ejemplos, con la Batalla de Santa Inés.

No nos sorprenda entonces, que luego de lo acontecido el 21 de noviembre de 2021, los cabalísticos análisis de sectores de la derecha intenten convertir en revés lo que a los ojos del mundo ha representado otra importante victoria de la Revolución Bolivariana.

¿Unidad monolítica? Tal vez. ¿Inteligencia, conocimiento, valor y esperanza? Tal vez. Pero no subestimemos al Pueblo, que al final de todo es el soberano.