¿La universidad? ¡Las universidades!

En ocasiones identificar que el singular no permite representar la realidad no solo es una señal de manejo gramatical sino que es un gesto de humildad y respeto ante la realidad que se pretende describir. Es lo que pasa con el término universidad cuando real y necesariamente se tendría que hablar de las universidades.

La República Bolivariana de Venezuela tiene unas instituciones universitarias (de educación superior o terciarias) en transición en las que, parafraseando a Gramsci, lo viejo, lo transformado y lo nuevo no terminan de tener una forma estable y de conformar un sistema con relaciones fuertes.

En verdad existe una diversidad de instituciones, muy distintas unas de otras, con el nombre de “universidad” lo cual lleva al equívoco de pensar que las situaciones y retos de una de ellas pueden ser aplicables a muchas o al resto de ellas. Se comete una generalización inadecuada al hablar en singular, y mas aún, se simplifica una realidad compleja y muy diversa. Si se añade que en ocasiones la expresión “la universidad” se hace para hacer referencia a un análisis de situación (sus problemas, limitaciones, necesidades, etc), o con propósitos prospectivos (retos, misión, función, etc) entonces podemos decir que referirse a “las universidades” como “la universidad”, no solo es erróneo sino profundamente injusto. En este contexto el uso del singular invisibiliza y deja de reconocer lo diverso y particular de cada institución y de sus comunidades. Impide ver la riqueza y potencialidad de cada una.

En esta diversidad institucional hay unas diferencias enormes y significativas. Hay universidades centenarias, hay universidades públicas (u oficiales) y otras privadas (o de gestión privada), hay las que son realmente experimentales y otras que solo tienen de experimentalidad el nombre.

La primera gran diferenciación es que las universidades oficiales, también llamadas públicas, son muy muy distintas de las universidades de gestión privada, o simplemente privadas. Casi que son dos mundos distintos, si bien declaran o se proponen cumplir algunas funciones en común.

Para dejar evidencia sobre esta diversidad, y para no agotar a quienes nos leen, solo mencionaré los diversos tipos de instituciones que existen en el sector público u oficial, quedando en deuda por lo correspondiente al sector privado. Hay once tipos de instituciones universitarias, muy distintas entre sí que conforman las universidades del país.

Hay dos universidades con trayectorias de más de cien años, que nacieron al fragor del nacimiento de la Patria (las primeras universidades republicanas). A partir de ellas, a finales del siglo XIX, se crearon dos universidades mas siguiendo el modelo de universidad que nació con la república. De allí que esas cuatro universidades se parezcan bastante si. Estas conforman el grupo tipo I.

Hubo de pasar más de 60 años para que volvieran a crearse nuevas universidades públicas. Estas se crean, bajo un modelo institucional llamado “modelo Atcon”, las universidades de vocación técnica regional dentro de las que se encuentran las de las regiones y los estados. Bajo este modelo las universidades que se crearon tienen en común los propósitos de atención regional y la diversidad estructural que las acerca entre si, son las universidades de tipo II.

En ese periodo de expansión de las universidades (1958-1983), ademas se crearon dos universidades inspiradas en dos enfoques muy diferenciados, pero no antagónicos, con el propósito de atender las ampliación de cobertura y las necesidades de formación de las y los adultos. Son universidades que tienen en común ser la expresión de un proyecto educativo propiamente. Son la universidad Simón Rodríguez y la Universidad Nacional Abierta que son el tipo III de universidades.

El tipo IV de universidades lo integran las instituciones de formación especializada, de docentes y de ingenieros e ingenieras y surgieron como consecuencia de la presión y necesidad de reconocimiento social hacia la formación docente y la formación técnica ingenieril.

Hay universidades tipo V que si bien corresponden a reconocimientos profesionales semejantes a las tipo IV son las universidades nacientes del ciclo bolivariano, de la V República.

Las universidades especializadas de nuevo tipo constituyen el tipo VI de instituciones y las Universidades Politécnicas regionales forman el tipo VII.

Ademas la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela y la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad, por su ámbito formativo y régimen de estudio particular, son el tipo VIII de universidad venezolana.

El tipo IX, X y XI lo conforman tres instituciones muy, muy particulares. La primera de ella es la Universidad Bolivariana de Venezuela que tiene un tipo naciente y distinto de institución que aún está adquiriendo y ajustando su modelo educativo y organizacional, es del tipo IX. La tipo X es una muy particular, única en el país y que requiere un paradigma totalmente distinto para comprenderla y valorarla, es la Universidad Indígena de Venezuela.

Sería muy injusto si no se considera en esta clasificación a una institución que ciertamente no es universidad pero a la vez se hace como tal, con la presencia de otras, una institución que tiene formación y compromiso social, una institución que es una creación inédita (y heroica) como lo es la Misión Sucre. Realmente no es una universidad pero es el espacio universitario desde donde se gestó el modelo de educación universitaria en el entorno y  sin duda alguna es el tipo XI de institución.

Once tipos institucionales es suficiente argumento para insistir que en la República Bolivariana de Venezuela lo correcto y adecuado es hablar de las universidades, evitando el singular unificador e invisibilizador de la riqueza institucional y particularidades de un sector que constituye un ecosistema complejo.

Post data: Hubiese querido nombrar las universidades una por una, pido disculpas por las omisiones. Todas merecen mención, todas y cada una, oficiales y privadas, son un valor indiscutible de nuestra sociedad. Son una riqueza de nuestra patria y son una bendición para nuestro pueblo y nuestra gente a quienes las universidades sirven a diario.

 

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