InicioOpiniónLa Venezuela de Orlando Araujo

La Venezuela de Orlando Araujo

La novena edición de la Bienal Orlando Araujo se está celebrando desde el  estado Barinas con la modalidad ahora acostumbrada de comunicarnos de modo virtual, que es lo que permite la pandemia por esta época. Lo más importante es que la comunicación se produce y efectivamente ha participado gente de todo el país, en la reafirmación del recuerdo a un escritor, analista, economista, amante de la literatura y la cultura venezolana, cuya memoria debe ser perdurada (Calderas, 27 de agosto de 1928-Caracas, septiembre de 1987).

A través de las redes sociales cualquier interesado puede localizar las lecturas a través de videos y audios, que hacemos otros escritores de la obra de Orlando, y además de otras comunicaciones sumadas a la circunstancia, como el homenaje a los escritores recientemente fallecidos (Armando Rojas Guardia, Blas Perozo Naveda y Sael Ibañez) cuya referencia ha convocado a los amigos a realizar intervenciones también sobre sus obras.

Facebook  y otros espacios virtuales sirven de cuna a esta actividad  que ha contado con la jefatura de Leonardo Ruíz y Ana María Oviedo en su conducción (entre otros organizadores de primera fila).

Orlando Araujo siempre ha estado presente para nosotros, aun después de su fallecimiento, porque ha sido una voz importante entre los intelectuales que definitivamente aman este país, y se han considerado a sí mismos como vinculados en todos los sentidos posibles al lugar donde nacieron, vivieron e hicieron suyo lo que corresponde a nuestra historia, insumos culturales ancestrales y presenciales, y ha realizado una obra donde es esencial esa raíz.

Orlando no solo realizó obra de análisis a la economía y la historia del país, sino que también hizo literatura, cine, y hasta consideró la creación de un personaje: Miguel Vicente Patacaliente, como ser protagónico de su gesta capitulada, para hablarle a los niños desde un niño.

Recordábamos estos días, con Aníbal Arteaga, la adaptación que él mismo hizo para cine de un cuento maravilloso de Orlando Araujo, que cuenta de cómo el ser humano y el caballo se conocieron, y que nos gustaría ver realizado como tal alguna vez, en las pantallas de nuestras salas nacionales. Una hermosa pieza literaria, con el lirismo, la cautela, el hondo sentido de lo humano que este escritor querido otorgaba a sus textos. Ojalá tengamos la posibilidad de llevarlo a cabo.

Toda esa serie de cuentos, una gesta completa sobre ese bello personaje de Orlando, vale la pena se divulgue para las generaciones presentes y venideras de niños venezolanos. Más todo el resto de su obra literaria, la adaptación cinematográfica de su Compañero de viaje, la mirada a Barinas y al país, que Orlando defendió tanto, desde su perspectiva crítica y valiente. Aplaudimos este empeño en darle permanencia a su obra y a todo lo que ella significa como incentivo en la gesta de amar nuestra Venezuela necesaria.

Deja un comentario