Lo común

En 1990, la Premio Nobel Elinor Ostrom publicó su libro “El gobierno de los bienes comunes”, haciendo especial énfasis en la capacidad organizativa de algunas instituciones de acción colectiva para “autogobernar” los recursos de uso común. (Ostrom, 2000) Posteriormente, Antonio Negri en “Commonwealth”, se refiere por primera vez a estos recursos como lo común, con la intención de visibilizarlos como alternativa a la típica dicotomía entre lo público y lo privado. Negri propone, ante la necesidad de instituir y gestionar un mundo de riqueza común, la concentración y expansión de capacidades de producción colectiva y el autogobierno. De esta manera el autor apunta a la producción de subjetividad ante la de objetos que satisfacen necesidades de sujetos (Negri & Hardt, 2011). Adicionalmente, autores como Laval y Dardot, partiendo de las referencias de Ostrom y Negri, mencionan lo común como alternativa política donde, desde su práctica, se podrá decidir lo que realmente es común para un grupo de personas en particular, oponiéndose al manjo burocrático de lo social por parte del Estado, el cual solo descolectiviza la acción. Los autores señalan diferencias de conceptos entre comunas como acción del autogobierno local, los comunes como objetos de los que se ocupa la acción colectiva y lo común como el principio político que anima la acción colectiva y preside la construcción de comunas, visto desde el compromiso compartido con co-obligación (Laval & Dardot, 2015).

Por su parte, el Presidente Hugo Chávez, en enero de 2007, nos coloca en la necesidad de “abrir canales para alimentar las instituciones, los ministerios, la burocracia, con esa corriente viva y con esa fuerza transformadora del Poder Popular que debe llegar a todos los espacios institucionales y las instituciones irse al Poder Popular…”

De este modo, la acción común requiere el desarrollo de una nueva institucionalidad que propicie su gestión, así como un marco jurídico que norme y regule la conformación de instancias organizativas como los Consejos Comunales o las Comunas, las cuales tendrían esa nueva responsabilidad y asumir la Ciencia, la Tecnología y la Innovación como una actividad cotidiana que impulsa el desarrollo productivo local.

Por ello, comprender la gestión en Ciencia, Tecnología e Innovación, desde el poder instituyente, con agrupaciones o instituciones emergentes que, organizadas en diversidad de instancias (definidas en las leyes vigentes), han asumido sin duda, la gobernanza comunitaria y han creado nuevas identidades organizativas que dan paso a otras formas de asumir el conocimiento a nivel local.

Territorializar la administración del conocimiento implica, así, la organización comunal en función de sus necesidades locales, facilitando la concreción de una política científica a partir de las capacidades que provienen del saber multi, inter y transdisciplinario para intervenir el espacio e impulsar su avance, tomando lo endógeno como estrategia, pero articulado con la direccionalidad política del progreso nacional en su conjunto, para fortalecerlo. Este proceso, de la mano con el Estado social, de derecho y de justicia, facilitador y corresponsable, organizado en redes de conocimiento, hará ruptura con la burocracia que segmenta el hacer, lo parcializa y especializa, restando agilidad y eficiencia; es la lógica industrialista que debe superarse para garantizar resultados óptimos cónsonos con la direccionalidad política vigente.

Una gestión del conocimiento que se posicione como indispensable para lo productivo y se convierta en palanca del desarrollo endógeno como estrategia a nivel local, enmarcado en la institucionalidad emergente que asuma la ciencia como “común” y contribuya con la gestión social de la ciencia, la tecnología y la innovación en Venezuela.

La autora es presidenta del Observatorio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación

e-mail: onctipresidencia21@gmail.com

Twitter: @griromhill