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Los Borges y la infamia

No vivió para enterarse, pero intuyo que Jorge Luis Borges habría disfrutado de los rasgos de este otro Borges, capaz de ser siempre figura central de toda ignominia.

A finales de los años 90 del siglo XX creó un programa de televisión que presentó como propuesta de modernización de la justicia. Era una puesta en escena de supuestos problemas que confrontaban a personas y que apostaba por ese tipo de soluciones que conocemos como salomónicas.

El propósito real, justificar el dinero recibido desde las ONG de Estados Unidos para fundar un partido político, a fin de mantener el sistema político ante la podredumbre del bipartidismo.

Hundido el sistema, se apropió de recursos de Pdvsa, entregados por la madre de Leopoldo López, uno de sus aliados políticos.

Todos le vimos en 2002, pero él niega toda participación en el golpe de Estado.

Cuando rompió con Borges, López fue a inscribir un nuevo partido ante el Consejo Nacional Electoral y encontró que el nombre que quería utilizar ya había sido registrado a nombre de la secretaria de Borges.

En el año 2015, se pretendió usar un avión Tucano artillado para atacar el Palacio de Miraflores, otras sedes gubernamentales y el canal Telesur. Borges había indicado sobre un mapa cuáles eran los puntos a bombardear.

En 2018 tenemos de nuevo a Borges, esta vez intentando asesinar a todos los responsables de los Poderes Públicos y militares reunidos en la avenida Bolívar, mediante el uso de dos drones saturados de explosivos.

Es el mismo personaje que califica a los emigrantes venezolanos como una “plaga” para otros países.

Reaparece hoy, junto a Leopoldo López, como partícipes de corruptelas para robar petróleo venezolano en un momento especialmente difícil para Venezuela. Es un adelantado de la corrupción, capaz de ser corrupto incluso en responsabilidades políticas imaginarias.

Las ruindades practicadas por Borges prefiguran un destino de cárceles, pero habrían permitido al escritor argentino ubicar su propio apellido dentro de su célebre Historia universal de la infamia, en la que narra biografías reales que parecieran haber ocurrido solo para entrar de la mano del Borges argentino en la literatura.

Me atrevo a imaginar que a Jorge Luis Borges le habría tentado la posibilidad de escribir en ese libro unas páginas contentivas de su propio apellido y que le habría gustado que este cuento cerrara así: “Fue profesor de la Cátedra de Honor en la Universidad Católica Andrés Bello”.

@filoyborde

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