Los gobernadores y la descentralización

La figura de la descentralización política, mencionada repetidas veces en la Constitución Nacional es lo que constituye el deseo de la máxima norma de fortalecer ese mecanismo de política pública en el escenario de los niveles de gobierno que exhibe la república de Venezuela. No obstante, no ha habido voluntad descentralizadora en los presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Más bien lo que se exhibe es un centralismo reforzado que han protagonizado e impulsado. Las decisiones públicas de los niveles estadales se concentran en el presidente de la república.

Del espíritu de progresividad que impulsan las normas constitucionales en el sistema descentralizador hasta alcanzar su estabilización dista un largo trecho. Los presidentes, antes mencionados, que han ejercido el mando en su vigencia han demostrado lo contrario en su ejercicio. Se pretende controlar, supervisar a los gobernadores. Limitar todo campo de iniciativa en la esfera de los estados, donde el gobernador ha de ser el principal conductor. Se le dificulta su iniciativa, no dispone de un impulso creador, se está a la espera del “visto bueno” del presidente.

En tal virtud se requerirá, en consecuencia, que el primer mandatario apruebe los planes y ejecutorias privativos de los estados. El gobernante regional podría lograr, al contrario, el consenso de los diversos factores de la región, a manera de impulsos integrados enriquecedores.

Da la impresión en las intervenciones del presidente que les está pidiendo una cuenta a ellos de las órdenes que les ha dado e público o en privado y que deben ejecutar según su directriz. Se observa que son “las líneas que deben seguir” y que algunos gobernadores exageran al manifestar que “son las líneas que nos han dado…”

Se pretende un control, una supervisión indebida del presidente a los gobernadores, en un espacio de poder donde éstos son los responsables. Las acciones no se materializan hasta tanto no se cuente con el “visto bueno presidencial” ante una Carta que afirma ser federal.

El gobernador ha de requerir los consensos y apoyos de los factores activos de la región, según los planos y materias de que se traste y que le darán sustento a su materialización y prolongación.

Esas iniciativas son diversas, plurales, enriquecedoras, materializadas en planes y proyectos que las fuerzas vivas recogen en sus áreas de actividad y las trasladan al espacio de gobierno regional con espíritu de materialización. No son órdenes de un mandatario nacional sino proyectos emergentes del estado respectivo en simbiosis sociedad civil-gobierno regional. 

 

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